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François Truffaut

Godard son los padres

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La cinefilia, por si no lo sabéis, ha muerto. Lo que hay ahora es mero gozo industrial. Ahora lo que queda es mirar tráilers, esperar ediciones especiales y obtener coleccionables. La cinefilia, en cambio, se basa y se organiza en torno al redescubrimiento del pasado. Desde sus tiempos inciales, la cinefilia es releer, revisar, entender. Toda esa luz no queda arrojada para otra cosa que para el movimiento. La crítica, siempre, es en marcha. No hay una crítica certera; no hay voz crítica que no pueda matizar, ni rectificarse. En todo caso, si las cosas mueren, habrá que sacar las mismas de la tumba. Ahí van unos cuantos pensamientos sobre el poeta y cineasta francés, sobre su público, sobre nosotros, sobre estas cosas complicadas que llamamos recepción.

Godard son los padres.

Y nuestros padres (cinéfilos) nos dijeron que Jean-Luc Godard era obtuso y pedante y que François Truffaut es el mejor. Hay algo peor que repetir los errores de los padres y es heredar los prejuicios, prejuicios enteramente basados en un marco de experiencias y cultural absolutamente ajeno al nuestro. No hay que forzar la contemporaneidad, pero en cambio se puede forzar, y a borbotones, el anacronismo. Si nuestros padres tomaron como verdadero el prejuicio de que Truffaut fue siempre mejor, o peor, más humano ( ¿puede Godard ser acaso inhumano?), va siendo hora de levantarse y pensar. Por nuestra cuenta.

Godard es un intelectual.

Intelectual ha encontrado grandes derivados en el lenguaje del prejuicio, el lenguaje como una herramienta que reduce conceptos y básicamente define prejuicios en vez de ampliar significados. Intelectual es una palabra peligrosa actualmente porque, snif, implica una tensión, una tensión que se basa en una jerarquía. Entonces Godard es un intelectual, o lo que es peor, un moderno o un gafapasta. No sé que son las dos últimas cosas, ni me preocupa. Godard es efectivamente un intelectual. Y eso no es ningún problema.

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Palmarés del Festival de cine de Las Palmas, que rinde homenaje a Jean-Pierre Léaud

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Jean-Pierre Léaud Jean-Pierre Léaud y Claude Jade en ‘El amor a los veinte años’ (François Truffaut, 1962)
Es un actor antidocumental, incluso cuando saluda nos deslizamos en la ficción, por no decir en la ciencia-ficción. Su realismo es el mismo que el de los sueños.” François Truffaut acerca de Jean-Pierre Léaud

El Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria ha dedicado un homenaje al mítico actor Jean-Pierre Léaud.

Alter-ego y actor fetiche de François Truffaut, Léaud ha participado en varias cintas del autor. Comenzó en el papel de Antoine Doinel en ‘Los 400 golpes’ (1959), en la que no era más que un niño; y siguió con este personaje hasta ‘El amor en fuga’ (1978), pasando por ‘Antoine y Colette’ (1962), episodio de la película colectiva ‘El amor a los veinte años’ (1962), ‘Besos robados’ (1968) y ‘Domicilio conyugal’ (1970). Otros films de Truffaut en los que interpretó otros personajes fueron ‘Las dos inglesas y el amor’ (1971) y ‘La noche americana’ (1973).

Se le reconoce como uno de los rostros de la Nouvelle Vague. Además de para Truffaut, Léaud trabajó para otros directores, como Jean-Luc Godard, Jean Cocteau, Jean Eustache, Olivier Assayas, Agnès Varda, Dominique Cabrera, Philippe Garrel, Tsai Ming-Liang, Luc Moullet, Pier Paolo Pasolini o Jerzy Skolimowski.

Protagonizó la magnífica ‘Contraté a un asesino a sueldo’, del director finlandés Aki Kaurismäki, para el que también interpretó ‘La vida de bohemia’ (1992) y para el que ha rodado ‘Le Havre’ (2011), que se estrenará en Finlandia en septiembre de este año y que espero que llegue a continuación a nuestro país.

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Rodajes de abril del cine español | Adaptación de 'El monje' y secuela de 'Dos hombres y un destino'

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El monje

Pocas veces puedo decir, al anunciar los rodajes del cine español, que sienta auténticas ganas de ver alguna de las películas, pero esta vez hay proyectos que han captado mi atención. Para empezar, vuelve a la dirección uno de los autores que más admiro, Dominik Moll, quien llevó a cabo ese ácido y certero retrato sobre la familia que era ‘Harry, un amigo que os quiere’ (‘Harry, un ami qui vous veut du bien’, 2000). Tras ‘Lemming’, que dejó poca huella en mí, este polifacético director se atreve con una nueva adaptación de una de las obras góticas más leídas: ‘El monje’, de Matthew G. Lewis. Por otro lado, Mateo Gil acomete una secuela de ‘Dos hombres y un destino’. El proyecto en sí podría tener su interés y presenta como aspectos positivos el contar entre su reparto con Sam Shepard. Lo que me desalienta es pensar en lo que hará Gil con el material. Entre las demás ideas, encontramos una nueva aproximación al tema de los niños salvajes, una crítica a los concursos de belleza femenina, la biografía de un inmigrante y una llamada de atención ante los malos tratos en las parejas gays. Si bien alguno puede producir desconfianza a priori, lo que sí queda claro es que en esta ocasión tenemos variedad y valentía, ya que se tocarán géneros poco machacados en nuestro país y se intentará realizar films que signifiquen algo.

‘El monje’

Dominik Moll —en la fotografía del inicio— comenzó a rodar el 19 de abril, la coproducción franco-española ‘El monje’, basándose en la novela gótica escrita por Matthew G. Lewis en 1796, considerada el primer best seller de la historia.

‘El monje’ trata de sobre el opresivo ambiente religioso de una época en la que reinaba la Inquisición. La historia — que incluye premoniciones, amores secretos, duelos, maldiciones, criptas, engaños, demonios, asesinatos, fantasmas, etc…— se centra en el ascenso y caída del monje capuchino Ambrosio, que pasará de ser un maestro venerado y virtuoso a ser considerado un hereje criminal, acusado de pactar con el diablo.

El reparto lo componen Vincent Casell; Sergi Lopez, en el papel del diablo; Déborah François —a quien se puede ver en la fotografía del inicio—, Geraldine Chaplin, Jordi Dauder, Pep Tossar y Rosa Renom, entre otros.

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Steven Spielberg: 'Encuentros en la tercera fase', el viaje de Ícaro

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Dijo que el sol salió esta noche. Y que cantó para él.

-Investigador

El grandioso éxito, de crítica y público, de su ‘Tiburón’, superó hasta a las predicciones más optimistas. Un joven que apenas contaba 30 años, con perennes gafas de sol y tejanos, había conquistado un lugar entre los grandes narradores de su oficio, se había hecho millonario, y comenzaba una carrera que se adivinaba (como así fue, aunque con matices), asombrosa. Su siguiente película sería muy diferente a aquélla, y nadie dio un duro por su éxito hasta su estreno.

En el mismo año de la fundacional ‘Star Wars’ (que se había estrenado pocos meses antes), de su amigo Lucas, Spielberg presentó una de sus películas más personales, una de las dos únicas por él dirigidas cuyo guión es también obra suya en su totalidad (salvo ideas, diálogos o reescrituras no acreditadas), y la confirmación de que este cineasta no iba a ser flor de un día, sino de que un grandísimo artista había llegado al cine norteamericano para insuflarle un vigor y un ingenio como hacía tiempo que no se veía en una pantalla de cine.

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'La Sirena del Mississippi', Truffaut y el amor

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Mississippimermaid.jpg Hablar de François Truffaut es hablar del amor. Pocos directores como él supieron hablar tan certeramente sobre ese sentimiento tan maravillosamante complicado, además de realizar a lo largo de su obra un exhaustivo estudio sobre el universo de la mujer, algo que siempre marcó la tormentosa vida personal del director (quizá por eso era tan “sabio” en estos temas).

Películas como ‘Los Cuatrocientos Golpes’ (que representó equivocadamente a ese movimiento de culturetas llamada la Nouvelle Vague, del que afortunadamente Truffaut se desenmarcó enseguida, provocando el enfado de su amigo por aquel entonces, el soporífero Godard), sus secuelas, ‘Fahrenheit 451’, ‘Jules y Jim’ o ‘Las Dos Inglesas y el Amor’ (a la que Scorsese rindió un sentido homenaje en su impresionante ‘La Edad de la Inocencia’), por poner unos pocos ejemplos, forman parte de una filmografía excelente. Es un pena que un cáncer cerebral se lo llevase con tan sólo 52 años de edad a principios de los 80, porque de no ser así, hubiéramos tenido Truffaut para rato.

‘La Sirena del Mississippi’ (‘Le Sirène du Mississipi’, 1969) es, para un servidor, una de sus mejores obras. Un canto sin concesiones al amor, como pocas veces ha habido. Una película que dedicó a su tan admirado Jean Renoir.

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