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Frederic Forrest

'Tucker, un hombre y su sueño', Coppola contra todos

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El coche del mañana…hoy

-Preston tucker

Ni en sueños podía Francis Ford Coppola imaginar, cuando en 1973 sacó su talonario para asegurar la difícil distribución de una película por la que nadie daba un duro y que sería un bombazo pocas semanas después, que aquel gesto le valdría la oportunidad de hacer una película que, en parte, iba a contar su propia vida, o al menos iba a hablar de sí mismo más que muchas otras de las suyas. Ahora bien, tampoco fue esa gran película que algunos exégetas de la obra coppoliana aclaman, ni mucho menos. Y es que no estaba Coppola para grandes delirios de autor.

De modo que Lucas le devolvió el favor de ‘American Graffiti’, tres lustros más tarde, cuando Coppola no tenía el menor poder a la hora de elegir proyectos, y le puso en bandeja el guión de ‘Tucker, un hombre y su sueño’, ejerciendo las funciones además de productor ejecutivo, y asegurándole, a pesar de los graves descalabros económicos de los años anteriores, una cierta libertad en el montaje final. ¿Aprovechó FFC la oportunidad? Sólo parcialmente…

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'Corazonada', frágil colorido

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Eso es lo malo de América. Las luces. No hay intimidad. Todo resplandece hasta cegarte. Y nada es real.

-Hank

Es curioso que el protagonista masculino de esta película, interpretado con convicción y soltura por Frederic Forrest (un actor desconocido para el gran público), suelte estas palabras, pues podrían servir bastante bien para definir la película que le costó a Coppola la libertad creativa durante toda una década, y que finiquitó de manera estrepitosa su sueño de mantener un estudio propio en el seno de Hollywood. Sin duda hubiera sido mejor para él, ya que tarde o temprano, por su personalidad desbordante, acabaría estrellándose, que lo hubiera hecho con una grandiosa película, y no con ‘Corazonada’.

Viéndola ahora, veintisiete años después de su nacimiento, la perplejidad pervive, pues se trata de una película extraña y desconcertante, sin duda fallida e imaginativa. La respuesta anímica a la enormidad de espacio y de tragedia de ‘Apocalypse’ y la certeza de que a este genial cineasta, cuando pierde la cabeza, la pierde de verdad. El resultado fue un delirio musico-teatral que ha caído prácticamente en el olvido y que muy pocos, a día de hoy, se atreven a calificar de filme importante (estéticamente hablando) en la carrera de Coppola. Yo no soy uno de ellos.

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Coppola y el cine electrónico

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Mi película no trata sobre Vietnam. Mi película es Vietnam

-Francis Ford Coppola.

En la ceremonia de los premios Oscar del año 1979 (televisada como todas, y de la que ofrecemos aquí arriba una imagen) Coppola, acompañado de una atónita Ali MacGraw (con un peinado que, ciertamente, la vuelve casi irreconocible), lanzaba una perorata sobre el futuro del cine, la cual puede visionarse casi íntegra en los estupendos contenidos adicionales de la edición en Dvd de ‘Corazonada’. El cineasta, con su habitual vehemencia, hablaba en la entrega de un premio sobre de qué manera el cine electrónico iba a cambiar el panorama para siempre.

Un año después, en ese mismo lugar, ‘Apocalypse Now’ iba a verse ninguneada de manera deleznable por los académicos. Nadie ha conseguido jamás ser premiado tres veces consecutivas en los Oscar, y Coppola no iba a ser una excepción. De sus ocho nominaciones, sólo consiguió dos, mejor sonido y mejor fotografía. Ambos no sólo justos, sino impecables. Pero con sus otras seis, tendría que haber conseguido, al menos para mí, los de mejor película, director, actor de reparto, montaje y guión adaptado. Y no incluyo dirección artística porque se lo dieron a mi venerada ‘All That Jazz.

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'Apocalypse Now', nunca salir de la lancha

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No salir nunca del barco. Es absolutamente cierto. A menos que vayas hasta el final. Kurtz se salió del barco. Se salió de todo el puto sistema. ¿Cómo ocurrió? ¿Qué vio en su primera misión aquí?

(Never get out of the boat. Absolutey goddam right. Unless you were going all the way. Kurt got off the boat. He split from the whole fuckin’ programme. How did that happen? What did he see here that first tour?)

- Willard

Esta parte se inicia con otra breve escena suprimida del montaje primigenio para cines, aquella en la que el quinteto protagonista que remonta incansable el curso del río, se esconde entre la maleza baja del coronel Kilgore, que patrulla el río arriba y abajo buscándoles para recuperar su preciada tabla de surf. Lo más destacable de la misma es la soberbia iluminación de Storaro, logrando una de las más deslumbrantes noches americanas que se recuerdan. Este efecto, como muchos quizá ya sepan, consiste en rodar de día, pero aparentar la noche cerrando el diafragma y logrando la subexposición. Además, ese filtro azul mezclado con el verde de la vegetación da una atmósfera inquietante.

A partir de este momento abandonamos definitivamente los (turbios, difuminados) contornos del género bélico más al uso, y nos vamos adentrando poco a poco en una pesadilla abstracta. Como si fuéramos atravesando un velo tras otro, acompañando a Willard a la última espiral de la locura. Que comenzamos a vivir una experiencia sensorial y abstracta lo confirma la siguiente secuencia, en la que a Willard y a Chef les sorprende un tigre que les da un susto de muerte.

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