
Les guste a algunos o no, lo cierto es que el cine se desarrolló sobre todo en la etapa muda, y después poco más se ha investigado en cuanto a sus formas y posibilidades. Algunos dicen que la causa principal es la llegada del sonido, o más bien de los diálogos, que hacen más literarias las películas. Pero hay teorías para todos los gustos. Aunque me parece poco discutible que, sobre todo en Estados Unidos, los estudios hicieron propio un esquema que, con ciertas variaciones (algunas de ellas muy interesantes), desarrollaron durante los años 30, 40 y 50, perfeccionándolo y dando forma a lo que se entiende, mal, como clasicismo.
Este clasicismo no es más (ni menos, ciertamente), que una representación deudora de la novela del siglo XIX y del teatro de principios del siglo XX, con presentación, nudo y desenlace, con conflictos y objetivos, con personajes protagonistas y secundarios, y el director como un director de teatro, que se encarga de que todo funcione, pero sin dejar una huella personal en muchas ocasiones, supeditado a las necesidades del estudio y las estrellas. El cine clásico (lo que signifique está equívoca expresión) es sólo un cine, no es el Cine.



Y no es muy conocido que digamos. Ni siquiera tiene ficha en la sagrada base de datos de 
