París, París, cine, cine

A menudo, leo en el blog comentarios con frases del tipo “le ponéis pegas a todo”, “parece que no sabéis disfrutar con nada” (referido a películas, aclaro). Bueno, algo así me ha pasado por la cabeza tras ver ‘París, París’. Fui al cine (por cierto, un beso desde aquí para mis padres) con las expectativas bajísimas, esperando encontrar un producto blandengue y cursi, un mero aprovechamiento del éxito de ‘Los chicos del coro’, viniendo de los mismos responsables. Era la única conclusión que podía sacarse de las críticas que había leído (en varios medios además). Entonces me siento, con cierta resignación, dispuesto a poner el piloto automático y disfrutar, al menos, de mi jugosa bolsa de palomitas.
Menuda sorpresa me llevé. Sinceramente, a mí ‘París, París’ me parece una muy buena película. Incluso diría que necesaria, en estos tiempos. Es cierto que la trama juega sobre seguro y que los personajes están dibujados con bastantes tópicos, pero no lo es menos que el conjunto funciona, y muy bien, que te atrapa en todo momento, que emociona y entristece y divierte; atención a cómo se inicia la película y cómo termina, el optimismo, las risas y la bondad abundan, pero también las cuchilladas de la vida. Quizá la memoria me juegue una mala pasada, pero creo que Christophe Barratier mejora con respecto a su anterior y famoso trabajo, que también me gustó, por supuesto, pero no recuerdo que estuviera tan bien rodado como el que nos ocupa.



Hasta hace unos años, si te hablaban de cine francés, lo primero que se te venía a la cabeza eran películas sesudas y bellas, minoritarias y pretenciosas. Desde hace un tiempo, Francia exporta principalmente comedias y ahora cuando se habla de un estreno francés ya es más habitual pensar en algo ligero y divertido que en aquellos films de autor, que no dejan de hacerse, pero para los que parece que ya no tienen la exclusiva.