'Lost in Translation', grandes momentos de un encuentro irrepetible
“Nunca volvamos aquí otra vez, porque nunca volverá a ser tan divertido”.Charlotte
‘Lost in Translation’ es uno de esos raros títulos que dividen a los aficionados al cine; están los que lo odian y estamos los que lo adoramos. Y no es difícil averiguar el porqué. No es ésta una película asequible, de fácil consumo. Incluso, podría decirse que durante gran parte de su metraje no ocurre nada (al menos, nada concreto, visible). Sofia Coppola nos sumerge, a su manera, en el breve y desesperado encuentro entre dos individuos perdidos en un lugar extranjero; no saben quiénes son ni qué están haciendo, pero siguen adelante; la realizadora sitúa la cámara frente a estos personajes sin pedirles que hagan nada especial, para que los observemos y los comprendamos tal como son, en escenas íntimas, para que respiremos su mismo aire, sintamos su misma soledad y desorientación. Esto evidentemente es lo que molesta a sus detractores. Creen que falta más movimiento, más velocidad, una historia más definida, sin tanto espacio ni silencio. Pero precisamente ahí es donde reside su encanto.
Fui a ver ‘Lost in Translation’ cuando se estrenó, la volví a ver en DVD y más tarde en televisión; las tres veces me quedé con la misma sensación, y la disfruté del mismo modo, aunque las circunstancias del visionado no eran las mismas, ni yo tampoco. Hace una semana, pensando en una lista de las mejores películas que he visto en esta década, llegué a más o menos una veintena de títulos, y dudé sobre si incluir o no la película más popular de la hija de Francis Ford Coppola. Así que le quité el plástico a la edición metálica que compré unos meses atrás (a un precio ridículo) y volví a verla. De nuevo llegué a la misma conclusión; es una película de momentos, un conjunto débil que se mantiene en pie de forma increíble gracias a un puñado de grandes escenas aisladas.


Ayer nos alegraba el día mi compañero Alberto
Durante una rueda de prensa con motivo del estreno de
