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Gordon Willis

La dirección de fotografía (6): Conclusión

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Para terminar, después de cinco capítulos en torno al tema de los Fundamentos de la Dirección de Fotografía, os dejo una interesantísima colección de entrevistas (lamentablemente, y de nuevo, sin subtítulos en español, pero creo que se entiende todo a la perfección) con algunos de los más eminentes directores de fotografía de los últimos treinta o cuarenta años, los cuales hablan con total naturalidad de su trabajo, que más que trabajo, parece una forma de entender la vida y el mundo, para ellos. Veremos a Gordon Willis, Conrad L. Hall, Haskell Wexler, Vilmos Zsigmond, William Fraker, y otra gente realmente fantástica, que ha convertido a la fotografía para cine en mucho más que un apoyo lumínico o que una forma de academicismo heredada de los años del cine clásico: en un arte en sí mismo.

El mes que viene, trataré con profundidad (hasta donde me lleguen los conocimientos, la capacidad de investigación, y el tiempo), acerca de los efectos sonoros y todo lo relativo al montaje de sonido, ese gran olvidado a la hora de hablar de las películas (o, al menos, olvidado por muchos). En lo que corresponde a la fotografía, espero haber inducido algo de curiosidad al lector, para que por su cuenta, o yendo a cursos, o haciendo cortos, siga investigando y siga aprendiendo, y consiga hacerse un buen fotógrafo, que es una profesión llena de alicientes. Como coda final os dejo una de las secuencias más impresionantes, y mejor fotografiadas, de esa obra maestra que es ‘Pozos de ambición’ (‘There Will Be Blood’, Paul Thomas Anderson, 2007), uno de los Oscars más justos a la categoría en muchos años de premios:

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'El padrino, parte II', el origen de los Corleone

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De nuevo, el legendario solo de trompeta fúnebre que acompaña los créditos iniciales. Con esta música de fondo, aparece el rostro en primer plano de Michael Corleone (Al Pacino), y un plano en el que le besan la mano. En último término queda la famosa butaca de Vito Corleone, y, sobre ella, el título de la película. ¿Viene a decir este plano que vamos a conocer el origen de los Corleone? Hacemos un salto de cincuenta años hacia el pasado. Gran plano general de los montes de Sicilia. Unos rótulos nos cuentan que el padrino nació como Vito Andolini, en el pueblo de Corleone. Se oyen los grillos, pega un sol de justicia. Una comitiva entra por el lado izquierdo de la imagen.

Desde este mismo comienzo, se percibe la historia no ya como algo antiguo, sino ancestral, casi arcaico, con esa atmósfera a medio camino entre lo griego, lo europeo y lo africano. Es una geografía árida y pasional, violentísima y tenebrosa. Y no hay mejor forma de contar esto que con el funeral de una víctima de las “vendettas”, el padre de Vito. Una suave panorámica sigue a una mujer vestida de negro y a su hijo. Intuímos que son Vito y su madre. La apropiación del carácter siciliano de principios de siglo (y no habrá cambiado mucho en algunas provincias) es absoluta. Si la primera parte estableció el universo Corleone a grandes rasgos, esta segunda dibuja su mitología.

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