Haciendo un par de juegos de palabras se puede decir que Milos no está en Forma y que Goya no pinta nada. Siete años después de la apreciable, aunque pretenciosa, ‘Man on the Moon’, y décadas después de ‘Amadeus’ y ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, el director checo vuelve con un despropósito de tales dimensiones que es difícil decidir por dónde empezar a llevarse las manos a la cabeza: ‘Los fantasmas de Goya’ (‘Goya’s Ghosts’, 2006). Ayer se estrenó en cines madrileños y mañana llega a la cartelera general. Aquí se puede ver el trailer y aquí se pueden leer una sinopsis y más información.
Tal vez los errores comienzan con que el personaje de Goya es inexistente, es decir, que no pinta nada. Es una excusa para darle un título con empaque a una historia folletinesca que se podría haber ubicado en cualquier otra época. Si sólo fuera eso y estuviera en un plano secundario, muy bien, pero es que encima se atreven a mostrarlo como bufón que presencia, sin involucrarse, la época que le toca vivir. Su personaje no es que carezca de motivaciones o de profundidad: sencillamente no existe, y poco puede hacer Stellan Skarsgård (las dos nuevas versiones de ‘El exorcista’, ‘Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto’) para arreglarlo. Antes bien, convierte al temperamental aragonés en un pintamonas chistoso y sin temperamento. Además, su físico claramente escandinavo sólo consigue aportar más inverosimilitud a su interpretación anémica.

