Se estrenó el pasado jueves, gracias al esfuerzo de una distribuidora naciente, la película francesa ‘Stella’ (íd., 2008), protagonizado por Léora Barbara, Karole Rocher, Guillaume Depardieu –quien aún rodó tres películas más, tras esta, antes de dejarnos– y el cantante Benjamin Biolay y escrita y dirigida por Sylvie Verheyde. En esta cinta semiautobiográfica, la hija de los dueños de un bar –más preocupados por sus fiestas y problemas que por la educación de la niña– llega a un nuevo colegio en el que luchará por hacer amigas, pasar de curso y ser medianamente feliz, a pesar de tenerlo casi todo en contra.
Verheyde hace un retrato certero y comprometido, pero frío y desdramatizado. Un acercamiento calmado, mucho más personalizado de lo que estaría un documental, nos sitúa junto a esta preadolescente, para tratar de dejarnos ver cuáles son sus sentimientos y sensaciones según pasa por los momentos más cruciales de su etapa de crecimiento. Recursos clásicos como la voz en off y los primeros planos detenidos en el tiempo de miradas de la actriz dejan demasiado clara la intención de crear una cercanía y pueden, quizá, ser contraproducentes para esa función.
Léora Barbara se introduce en la piel de Stella y, parafraseando el título de Almodóvar, la habita. Porque la actriz es auténticamente esa niña, que vive una época en la que aún no había nacido, y nos hace ver los contrastes entre la excesiva madurez que le ha aportado el ambiente libertino en el que está creciendo y los miedos y necesidades infantiles. Grandes secundarios, como la amiga de origen argentino, la que la espera en el pueblo, o los padres y quienes los rodean, completan un elenco dirigido con mano certera y en el que cada uno de los actores ha absorbido su papel como si se transformase.


