
Va llegando a su fin la cuarta edición del granadino Festival Cines del Sur, y me sigue quedando la sensación de pérdida de tiempo, de medios y de ideas. Que este certamen se ha levantado sin motivo, para que algunos puedan justificarse. Esta mañana se debían haber proyectado dos películas de la sección oficial, pero una, la china ‘Apart Together’, se cayó del programa y no ha sido sustituida; el pase de las 9 quedó desierto, y no pasa nada. Menos mal que la otra producción, la egipcia ‘Heliopolis’, sin ser ninguna maravilla, es posiblemente lo mejor del certamen, y en cierta manera lo ha rescatado del bochorno. El cine tiene estas cosas, puede lograr que uno se levante de la butaca y se olvide de las que le rodean, vivir por un tiempo una ficción que ha traspasado la pantalla, para meterse muy dentro.
‘The Time That Remains’
Desafortunadamente, antes de hablar sobre ‘Heliópolis’ tengo que comentar otra cosa, la típica película que (no creo exagerar) hace daño al cine de autor, al cine pobre y al cine arriesgado. Una que si la ve un espectador corriente, que decide por una vez acercarse a ver algo diferente, para probar, para no sentirse manejado por el marketing, lo termina convenciendo de que habría sido mucho mejor seguir su instinto, quedarse con lo que ya conocía, el cine convencional, el “made in Hollywood”. Porque ese cine, por lo menos, no despierta una profunda desesperación (mirar el reloj y darse cuenta que sólo ha pasado media hora), no suele hacer que uno se sienta profundamente insultado, y no hace que le entren a uno ganas de sacarse los ojos (para ir empezando).
Había visto la elegante ‘Adrift’, y ya me había llenado de esperanza, ya pensaba que festival sólo podía ir hacia arriba, especialmente cuando el siguiente título del día, ‘The Time That Remains’ (2009), había pasado por la sección oficial de Cannes, donde yo pensaba que no escogían cualquier cosa. Qué ingenuo…

