David Fincher: 'Alien 3'

Cuando James Cameron se puso manos a la obra con la secuela del que quizá sea el único gran filme de Ridley Scott, ‘Alien’, hizo varias cosas muy bien. Una de ellas, puede que la más importante, consistió en ensanchar el mundo creado por Scott en aquélla y, sin renunciar a dejar una impronta personal, conseguir establecer una mitología, un universo con reglas propias, y que además se convertía en una cumbre de la ficción científica por su coherencia y verosimilitud. Seis años después de la segunda película, se le confiaba a una joven promesa, con grandes amigos en Hollywood que le apadrinaban, la culminación de la que se pensó podría convertirse en la mejor trilogía de ficción científica. Por desgracia, la jugada no les terminó de salir bien a los financiadores de esta franquicia.
Podríamos hablar, y dar mil vueltas, en torno a la difícil situación que se encontró en el rodaje un primerizo David Fincher. Es cierto que la producción fue caótica en todo momento, y que el guión (que sufrió varias versiones, y cada una de ellas más alocada que la anterior, aunque hubo alguna buena historia en el camino que se quedó en nada) era transformado cada semana, de modo que muy pocas páginas había definitivas mientras se iba rodando la película. Muchos defienden este primer largo de Fincher, aludiendo su escasa responsabilidad en el desastre. Pero lo único que puede, y seguramente debe, juzgarse, es lo que queda en la pantalla. Y lo que queda es un espectáculo amorfo, con buenos momentos aislados, pero que en ningún momento es capaz de levantar el vuelo. Una verdadera lástima.

