'Hulk', el hombre, la bestia y la bella

‘Hulk’ es una de esas películas malditas, que a pesar de recaudar un montón de pasta, enseguida fue menospreciada por la mayor parte del público, simple y llanamente porque Ang Lee se atrevió como pocos a hacer algo con el cine comercial: hacer pensar a la gente. Y ya sabemos que lo de pensar no es el ejercicio de muchos. La versión de Louis Leterrier va más a tono con las neuronas del espectador pasivo, ése que quiere se lo den todo masticado, y se refugia en el gusto del paladar para defender o atacar el arte. Pero la de Ang Lee, además de ofrecer un espectáculo de primera, ahonda en la psicología de prácticamente todos los personajes, y filma una de las mejores adaptaciones de un personaje de cómic (aquel que asegure que Hulk no tiene profundidad, debería leerse unos cuantos cómics más), y como no, de superhéroes.
A priori podría parecer que Lee, que posee una de las filmografías más diversificadas que existen, no era el director apropiado para dicha película. Después de asistir a peñazos como ‘Sentido y Sensibilidad’ o ‘El Banquete de Bodas’, y proseguir su carrera con films tan dispares e interesantes como ‘La Tormenta de Hielo’, ‘Cabalga con el Diablo’ y ‘Tigre y Dragón’ (con la que le llegó el reconocimiento mundial) era difícil imaginarse a un director tan íntimo en una adaptación de Hulk. Pero si en su anterior film ya daba muestras de un manejo inteligente del espectáculo en la presente película termina de redondear la operación con un inspirado equilibrio entre forma y fondo, dándose la mano con la unión entre intimismo y espectacularidad.



Como ya sabemos, el camaleónico 
