
Dejémonos ya de romance. Vamos a follar.(Phillip Morris)
Decíamos hace poco que ‘Los mercenarios (The Expendables)’ es justo lo que cabía esperar. Sin embargo, a menudo las distribuidoras no saben cómo vender una película, pensando en atraer al mayor número posible de espectadores, así que el estreno se va retrasando (llegando a veces a extremos ridículos), cuando no deciden cortar por lo sano y lanzarla directamente al mercado doméstico (caso del remake de ‘La cena de los idiotas’); y en ese intento por obtener buenos resultados en taquilla, a veces, muchas veces, no les importa optar por disfrazar el producto y ofrecerlo al público como algo más comercial y asequible de lo que en realidad es. Por eso se está intentando convencer a la gente de que ‘Phillip Morris: ¡Te quiero!’ es una comedia desternillante con un desatado Jim Carrey.
Y en cierta manera así es, pero hay que aclarar que se trata de un humor muy negro, y en ocasiones muy tosco, no apto para todos los paladares; y sobre todo, creo que hay que decir que hay momentos en los que la película llega a convertirse en un auténtico drama romántico. Es una mezcla extraña, inusual, valiente o demencial según el punto de vista. Personalmente, encuentro refrescante e incluso sana la propuesta de Glenn Ficarra y John Requa (guionistas de ‘Bad Santa’, otra comedia bastante peculiar), se agradece el querer ir más allá de lo políticamente correcto, y ya no digamos el mostrar sin tapujos una relación homosexual, aún hoy un tema delicado en Hollywood. El problema es que los directores (debutantes) se quedan a medio camino, se les agota pronto el ingenio y no son capaces de profundizar más en la historia, resultando film descompensado y amorfo, menos potente de lo que apunta en un principio.








Tras el batacazo de la ridícula
Mi compañera en 
