
¡Kali Ma nos protege! ¡Somos sus hijos! Le ofrecemos nuestra devoción y un sacrificio de sangre… ¡y carne!
-Indiana Jones
La secuela de ‘Raiders’ tenía que llegar, era inevitable. Ya se había hecho un preacuerdo entre Lucas, Spielberg y Ford, y después del asombroso éxito de ‘E.T.’ (que sería, hasta la llegada de ‘Parque Jurásico’, la película más taquillera de todos los tiempos) Spielberg tuvo que agachar la cabeza y regresar a una saga a la que no le apetecía volver en aquel momento de feliz creatividad, después de una película tan personal. Sin embargo, y a pesar de que ‘El templo maldito’ no añade nada a su filmografía (como sí lo hará ‘La última cruzada’), fue una jugada inteligente seguir esforzándose en la construcción de este icono de aventuras.
Si la primera rendía tributo a Michael Curtiz, esta se acerca más a un Hawks o un Sturges desatados e hiperbólicos. Auténtico cómic supervitaminado, ‘Indiana Jones y el templo maldito’ es la más frenética e intensa de todas las películas de Indy, la de las secuencias más repulsivas, y la del tono más siniestro. Nuevos personajes y nuevos escenarios para una historia muy del gusto de Lucas, que nos lleva a la India para pasar miedo, asco, para reirnos y para soltar adrenalina a chorros. No es el mejor Spielberg, pero es un Spielberg que cumple con nota el encargo de dirigir una secuela loca.


