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Isabelle Adjani

Abel Ferrara recrea, con Gérard Depardieu e Isabelle Adjani, el escándalo sexual de Strauss-Kahn

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Depardieu y Adjani

El director Abel Ferrara, conocido, entre otros títulos, por ‘Teniente corrupto’ (1992), ha confirmado al diario Le Monde que Gérard Depardieu tendrá el papel protagonista en su película inspirada en el escándalo sexual que acabó con la carrera política de Dominique Strauss-Kahn. El cineasta neoyorquino añadió que Isabelle Adjani interpretará a Anne Sinclair, la esposa de Strauss-Kahn, antigua presentadora de televisión y heredera de una fortuna, que lo apoyó durante todo el proceso.

Adjani y Depardieu ya han compartido cartel en ocasiones anteriores y se declaran amigos e incluso cómplices. Se conocieron en 1976 durante el rodaje de ‘Barroco’ (‘Barocco’). Han participado juntos en ‘La pasión de Camille Claudel’ (1988), ‘Les cent et une nuits: las cien y una noches’ (1995), ‘Bon voyage’ (2003) y su última colaboración se pudo ver en ‘Mammuth’ (2010), peculiar propuesta, donde la actriz interpretaba al fantasma de la desaparecida esposa del protagonista.

El productor Vincent Maraval, director de la productora Wild Bunch, no había confirmado hasta ahora los rumores acerca de la película sobre Strauss-Kahn. Pero Ferrara, que en estos momentos se encuentra en París por la promoción de su próximo film ‘Go-Go Tales’, ha declarado que él puede hablar libremente del proyecto porque es el director. En sus declaraciones ha detallado que el rodaje tendrá lugar, a partir de junio, en Nueva York, Washington y, obviamente, en Francia y que tratará sobre gente poderosa y adinerada.

El director gerente del Fondo Monetario Internacional desde el 1 de noviembre del 2007 hasta el 19 de mayo del 2011 y candidato socialdemócrata a la presidencia francesa, Dominique Strauss-Kahn, fue acusado de violar y golpear a una camarera del hotel donde se hospedaba, lo que le obligó a renunciar a su cargo. La manera espectacular en la que se produjo la detención, así como las teorías que circularon sobre los verdaderos motivos de quitarlo de en medio podrían, efectivamente, dar pie a un interesante film político. Veremos qué enfoque le aporta Ferrara.

Vía | The Hollywood Reporter.

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'Mammuth', Born to be Wild

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Mammuth

Benoît Delépine y Gustave de Kervern me sorprendieron mucho y muy gratamente el año pasado con ‘Louise-Michel’ (2008), una película que, como ya indiqué, me pareció de lo más original y catártica. Por ese motivo, no he dudado en ir a ver su siguiente trabajo, ‘Mammuth’ (2010), que se ha estrenado esta semana en nuestro país, y que en este caso podría tener un tirón de taquilla algo mayor, al contar con Gérard Depardieu, Yolande Moreau, Benoît Poelvoorde y la colaboración esporádica de Isabelle Adjani.

Mammuth es el modelo de moto que conduce Serge, el protagonista, pero también es un apodo sumamente adecuado para él, dada su envergadura corporal y su escasa gracilidad. Este hombre, que acaba de ser retirado en una empresa cárnica, debe recopilar los certificados de empleo de todas sus ocupaciones previas para cobrar la jubilación. Esto le embarcará en un viaje por carretera en el que revisitará sus variopintos y pintorescos antiguos lugares de trabajo y se irá reencontrando con los habitantes de su pasado, incluso con una a la que hace años que perdió irremediablemente.

En estos tiempos de la Alta Definición, en los que numerosas películas se graban directamente en digital, sorprende toparse con una fotografía que da predominancia al grano, sobre todo en los recuerdos, acerca de los que no queda ninguna duda de que están rodados en 16 mm. Esta estética, a la que podríamos llamar, “sucia” o feísta, se adecua mucho a la historia contada y a los personajes retratados, pero al mismo tiempo, nos da esa idea de tiempo pasado que se adereza con una elección de las localizaciones y un diseño de producción que ofrecen al conjunto un aire atemporal.

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'El quimérico inquilino', el Roman más Polanski

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La carrera de Roman Polanski no se ha caracterizado jamás por ofrecer facilidades a los cinéfilos a la hora de elegir los temas y, sobre todo (y mucho más importante), el estilo de sus películas. A ello ha contribuido, claro, su convulsa vida privada, sus problemas con la ley en Estados Unidos y sus variados intereses estéticos. Pero es fácil sospechar que si, precisamente, su apasionante carrera ha dado (y sigue dando) tantas alegrías a los cinéfilos de paladar más exigente, es porque él es un tipo único, quizás irrepetible, y que sus bandazos genéricos y las continuas sorpresas que depara su quehacer fílmico, son producto de una inquietud irreprimible, de una versatilidad probada a lo largo de dédacas. Y así, salta del neo-noir bordado con mano maestra en ‘Chinatown’ (id, 1974), al gran guiñol, barroco e inquietante, de ‘El quimérico inquilino’ (‘Le locataire’, 1976), antes de zambullirse apasionadamente en el tempo más sosegado y trágico de la femineidad negada en el siglo XIX, con la sublime ‘Tess’ (id, 1979). Algunos dicen que todo esto es producto de su cinefilia, aunque yo me inclino más por pensar que es producto de su enorme curiosidad por la vida.

Y eso que bajo ningún concepto puede considerarse, al menos a mi juicio, a ‘El quimérico inquilino’ como una de las grandes obras de Polanski. Y ya explicaré mis razones. Aunque, sin duda, se trata de una de las más famosas, y en la que, quizás, se comprimen los elementos más puramente (y en algunos aspectos, superficialmente) polanskianos, por lo que, creo, algunos fervientes seguidores del cineasta franco-polaco la tienen en un altar. Desde luego, méritos, buenas ideas, secuencias magníficas, talento a raudales, contiene de veras este esfuerzo narrativo de Polanski, pero está lejos, me temo, de sus grandes hazañas estéticas. El Roman más Polanski también es el último Polanski actor para sí mismo, pues nunca más interpretaría, ni siquiera en carácter secundario, en una película dirigida por él. Sumado todo esto a la particular relación del maestro con París (ciudad a la que huiría no poco después por motivos que todos sabemos…) tenemos todos los ingredientes para lo que se llama (expresión inocua y epidérmica donde las haya) una película “de culto”. Para el máximo responsable de la cinta, sólo de culto para su gusto por el absurdo.

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