
Aprovechando esta semana santa, estoy pasando unos días en casa de mi gran amigo cinéfago Kitano, y claro, hay que aprovechar la ocasión para, entre tragos de delicioso sake, ver algunos de los títulos que componen su extensa colección de cine asiático. Anoche vimos la última del verdadero Kitano (¿o debería decir sufrimos?), película que comentaré más adelante, una vez me recupere del mal trago, y que no recomiendo en absoluto, a menos que tengáis problemas para dormir. Así que vamos a la otra que hemos visto, ‘Eleven Samurai’, de Eiichi Kudo, un chambara de estilo clásico sobre un grupo de hombres que deben asesinar al señor de unas tierras. Da gusto sentarse a ver este tipo de películas, tan diferentes al resto de lo que puede verse hoy… Eso sí, personalmente, quizá por mi reciente descuido hacia este cine, eché en falta un poco más de acción en la parte central, algo falta de interés, algo lenta.
La historia de ‘Eleven Samurai’ (‘Ju-ichinin no samurai’, 1966) nos sitúa en el primer tercio del siglo XIX, durante la era Tempo. El señor feudal de Oshi es asesinado por su vecino, el cruel y caprichoso Nariatsu, hijo del antiguo Shogun, que traspasa sus fronteras sin ningún reparo, para cazar un ciervo. Tras una dudosa investigación, el clan Oshi es injustamente condenado a desaparecer, para tapar la verdad y no manchar el nombre de Nariatsu. Once de los mejores samurais del clan rechazan la sentencia y deciden tomarse la justicia por su mano, preparando el asesinato de Nariatsu.

