
Hay algunas actrices que sin mostrar un especial valor melodramático en sus interpretaciones son, en cambio, capaces de elevar el sentido de sensualidad en pantalla hacia cotas casi tangibles. El caso de Rose McGowan, que hoy cumple 35 años, es un buen ejemplo. Actriz originaria de la Toscana y de una familia singular (de padres artistas y ex miembros de una extraña secta), primero despuntó como modelo infantil, para después ir labrando una carrera como actriz forjada en papeles para televisión mientras evidenciaba un enorme potencial para seducir con una mirada y una actitud provocadora, excesiva y desafiante.
Eso mismo debió encandilar a Quentin Tarantino y Robert Rodríguez (sobre todo, puesto que ahora es su esposa) para que contaran con ella para su doble sesión gamberra de título ‘Grindhouse’. No sólo supuso un salto cualitativo al estrellato (aunque ya era muy conocida en Estados Unidos), sino su reconversión en actriz versátil, además de bella, inteligente y carnalmente sexy.


