
Hace menos de un año os comentaba lo que me había parecido ‘Las Colinas Tienen Ojos’, remake del conocido film de Wes Craven de los 70, dirigido por un Alexandre Aja en plena forma. La rapidez con la que hicieron su secuela ha sido realmente pasmosa, y hay que decir que a pesar de que el film original también tenía su secuela, dirigida de nuevo por el inefable Craven, ésta que hoy nos ocupa no es un ramke de aquélla, sino una continuación del film de Aja. Evidentemente los personajes son otros, aunque alguno de los actores ha repetido interpretando a otro personaje distinto, como es el caso de Michael Bailey Smith, que las dos veces se ha puesto del lado de los “malos”, pero como el maquillaje no le hace reconocible, pues no vemos que es el mismo actor.
Su simplísimo argumento nos lleva al mismo desierto de la primera parte, donde se están haciendo unos experimentos científicos. Hasta allí llegarán un grupo de soldados de la Guardia Nacional que harán un alto en su camino para dejar una mercancía. Una vez en el lugar descubrirán que en las montañas viven nuestra más querida familia de mutantes, producto de experimentos atómicos en la zona, los cuales se divertirán un rato con ellos, y de la forma más sangrienta posible, porque si no, no hay película.

