
Matt Damon ha encarnado y encarnará a muchos personajes, pero creo que ninguno va a calar tanto en el público ni en la crítica como su misterioso Jason Bourne. Y no sólo porque lo haya interpretado en tres ocasiones, con resultados más que notables; no sé vosotros, pero a mí desde el primer film me pareció sorprendente lo de este actor en este concreto papel. Le critican a menudo (injustamente) que es un actor frío, inexpresivo, flojo. ¿Estas personas vieron ‘Infiltrados’? Quizá no. Bajo mi punto de vista, no se comprende justamente el calibre del personaje de Bourne y las sutilezas que aporta Damon. Un actor que, aclaro, no me parece precisamente magnífico, pero creo que está mejorando a pasos gigantescos y que tiene mucho margen para la mejora. No me extrañaría nada que en poco tiempo se lleve un Oscar a casa. Volviendo al film que nos ocupa, me parece necesario, quizá obvio, señalar que Damon está impecable como Bourne. Un tipo que no sabe quién es, que no conoce a nadie, que es objetivo de todo tipo de asesinos, que reacciona a menudo en el momento justo en que ocurre algo, que es un arma letal humana… Es un hombre desesperado en busca de su identidad. Es imposible no ponerse de su lado. Y desear que le patee el culo a todo el que se ponga por delante, más aún si van trajeados. Cosa que hace en esta tercera y quizá última de sus aventuras. No es todo lo grande que se podía esperar, pero desde luego ‘El Ultimátum de Bourne’ es la mejor película de las filmadas hasta el momento sobre el personaje creado por Robert Ludlum. Es ‘El Mito de Bourne’ elevada a la máxima potencia.




Será una de las películas de acción del año, y además acción de la buena, tal y como demostraron sus dos entregas anteriores, las cuales suponían un feliz retorno a los thrillers de los años 70, 