Ese es el hijo de puta más loco que he conocido jamás…-Gral. Stillwell
En ocasiones, cuando el público castiga, lo hace a conciencia, y además con buenas razones (aunque no este no fue un fracaso económico absoluto, como erróneamente se suele creer). En 1979 Spielberg decidió emular a algunos de sus directores favoritos (después de codearse, en las poderosas narrativas de ‘Tiburón’ o ‘Encuentros en la tercera fase’, con los Walsh, Ford y Lean de su infancia), pero esta vez en el terreno de la resbaladiza comedia. Sus gurús eran, esta vez, Capra, Hawks o Kramer. Pero en esta ocasión no logró los resultados previstos.
Y es que no creo que Spielberg sea un director dotado para la comedia, ni siquiera con ese punto de maravillosa ironía de un Hitchcock o un Wilder. Simplemente, carece de ello. No tendría mayor importancia si no intentase, de cuando en cuando, demostrar un sentido del humor de brocha gorda, de escasa elegancia y profundidad, más basado en chascarrillos y exageraciones que en verdadero talento para este tipo de cine. No es que ‘1941’ sea una mala película, sencillamente es una bobada sin el menor interés.


