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'Reina y patria', tradición y juventud

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'Reina y patria', tradición y juventud

‘Reina y patria’ (‘Queen and Country’, John Boorman, 2014) es la secuela de ‘Esperanza y gloria’ (‘Hope and Glory’, 1987), uno de los films más reputados de su director. Nada menos que 27 años ha tardado Boorman en realizar la secuela del mismo, tal vez influenciado por la actual moda de remakes, secuelas, reboots, que “rescatan” films de hace 20/30 años. Nada cuestionable por su parte, aunque hablamos de un cine muy alejado del mainstream, de formas incluso más clásicas de lo que cabría esperar en alguien tan arriesgado, como ha sido a veces el director de ‘Zardoz’ (id, 1973) –sí, me permito el lujo de citar una de sus peores películas−.

Ambientado diez años después de los acontecimientos de su predecesora, el film ofrece una irónica, y casi paródica, visión de la vida en el ejército, mientras narra las primeras aventuras amorosas de su protagonista. Al igual que en aquélla Boorman da muestras de lo importante e influyente que fue el séptimo arte en su crecimiento. Tintes autobiográficos en una película que escapa, lógicamente, de la mirada infantil de la primera entrega. El protagonista ha crecido y empezará a ver cómo es el mundo realmente.

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Añorando estrenos: 'Esperanza y gloria' de John Boorman

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Añorando estrenos: 'Esperanza y gloria' de John Boorman

Una de las cumbres de John Boorman, ‘Excalibur’ (id, 1981) –proeza fílmica que hermana a Gustav Carl Jung con la mitología artúrica− es evocada por su director en ‘Esperanza y gloria’ (‘Hope and Glory, 1987), uno de sus films más prestigiosos –con importantes nominaciones a los Oscars incluidas−. De hecho, tal vez sea esta película la que representa, en esencia, la completa filmografía de Boorman, tan irregular y sorprendente como fascinante y esencial.

Ya sólo por su segunda película, ‘A quemarropa’ (‘Point Blank, 1967) –cima del cine negro al servir de puente entre las formas europeas coetáneas y las clásicas estadounidenses−, Boorman merece un cierto respeto. ‘Esperanza y gloria’ ofrece otra vertiente, producto que estiliza algunas de las obsesiones de su director con una premisa parecida, sólo en apariencia, a la de un film que aquel mismo año coincidió en los cines con la presente: ‘El imperio del sol’ (‘Empire of the Sun’, Steven Spielberg, 1987), nominada a más Oscars, pero “menores”.

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Cine en el salón: 'Excalibur', Boorman de leyenda

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Cine en el salón: 'Excalibur', Boorman de leyenda

La Edad Oscura. La tierra estaba dividida y sin rey. De estos siglos perdidos surgió una leyenda. Del mago Merlín. De la llegada de un rey. De la espada de poder.

Dejando atrás el especial que ha copado mi tiempo los diez últimos días, y retomando el normal discurrir de mi actividad por Blogdecine, incido de nuevo en recuperar un título pasado relacionado con alguno de los estrenos que nos llegan cada viernes. Y si lo lógico hubiera sido en el caso que nos ocupa recurrir a 'Esperanza y gloria' ('Hope and Glory', John Boorman, 1987) por cuanto es antecesora de esa tardía secuela que es la 'Reina y patria' ('Queen and Country', 2015) que se estrena hoy en nuestros cines, tiempo ha que quería traer a este rincón del blog a la fascinante 'Excalibur' (id, 1981).

Fascinante sí, pero también compleja e irregular, fue esta producción con la que el séptimo arte volvía a acercarse a los mitos y leyendas que rodean al Rey Arturo. Ya lo había hecho con anterioridad en casi veinte ocasiones en títulos que van desde el 'Parsifal' (id, 1904) mudo de Edwin S. Porter a 'Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores' ('Monty Python and the Holy Grail', Terry Gilliam, Terry Jones, 1975) pasando por aquél espléndido filme de caballería llamado 'Los caballeros del rey Arturo' ('Knights of the Round Table', Richard Thorpe, 1953) o la adaptación de 'El príncipe Valiente' ('Prince Valiant', Henry Hathaway, 1954). Pero en ninguna de ellas habían sido tratadas las supuestas hazañas del legendario regente británico como lo serían aquí.

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Ciencia-ficción: 'Zardoz', de John Boorman

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Ciencia-ficción: 'Zardoz', de John Boorman

Rozando ya la mitad de la década de los setenta, llegamos hoy a un filme del que siempre he huido como de la peste. Habiendo tenido la oportunidad de verlo en esa adolescencia en la que consumía películas del videoclub como si fueran pipas de girasol, hubo algo ya entonces que siempre me impedía llevarme a casa aquella caja con una portada tan molona como hortera era la pinta que lucía Sean Connery en ella. Poco podía imaginar que, más de veinte años después, echaría en falta el asombroso sentido común que demostré en reiteradas ocasiones al prohibirme ver el esperpento que hoy nos ocupa.

Y es que, ante todo, 'Zardoz' (id, John Boorman, 1974) es una de esas películas que, completamente inclasificables por más que parezcan adscribirse a los parámetros de un género —en este caso la ciencia-ficción que venimos tratando en éste ciclo— devienen en una experiencia que bien podría calificarse como lo más parecido a ingerir una cuantiosa dosis de drogas alucinógenas. De hecho, cabe plantearse no ya hasta qué punto John Boorman, responsable también del guión de esta producción, las consumía a manos llenas en aquellos locos años que fueron los setenta sino cuánto aumentaría el entendimiento de la misma gracias al auxilio de un buen psicotrópico.

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Nicol Williamson nos ha dejado

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Nicol Williamson nos ha dejado

No había terminado de escribir el post sobre el fallecimiento del actor James Farentino cuando me entero de otra triste noticia. Nicol Williamson falleció en su casa de Amsterdam el pasado 16 de diciembre, y por alguna extraña razón el mundo se entera hoy. En estos tiempos de Internet me parece increíble y me da una idea de lo poco que nos interesan algunas cosas sin duda más importantes que otras de menor relevancia. Ni siquiera la prestigiosa IMDb había recogido la noticia, pero en la web del actor puede leerse un comunicado de su propio hijo.

En cualquier caso en Blogdecine citamos a Williamson por muchas y diversas razones. Una es que con no demasiadas películas en su haber, teniendo en cuenta que empezó su carrera cinematográfica a mediados de los años 50, era uno de esos actores de carácter de poderosa presencia que poseía un enorme magnetismo. Algunos le definieron como el mejor actor del mundo desde Marlon Brando —tal afirmación sobre Brando es discutible, pero eso es otro tema—, y pasó a la Historia por haber dado vida al mejor Merlín del cine, al que dio vida en esa obra maestra de título ‘Excalibur’ (id, John Boorman, 1981). Otros papeles de relevancia fueron el Little John en la crepuscular ‘Robin y Marian’ (‘Robin and Marian’, Richard Lester, 1976), el mismísimo Sherlock Holmes en ‘Elemental Dr. Freud’ (‘The Seven-Per-Cent Solution’, Herbert Ross), o su personaje en ‘El factor humano’ (‘The Human Factor’, 1979) una de las peores películas del gran Otto Preminger.

Acabó su carrera con la lamentable ‘Spawn’ (id, Mark A.Z. Dipé, 1997), y la inició con un muy breve papel en ‘Faldas de acero’ (‘The Iron Petticoat’, Ralph Thomas, 1956), un producto al servicio de Bob Hope y Katharine Hepburn. Durante los años 60 y 70 fue considerado el mejor actor británico de su generación al lado de Albert Finney.

Hasta siempre Nicol.

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'Defensa', el corazón de las tinieblas

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'Defensa', el corazón de las tinieblas

“A veces tienes que perderte a tí mismo antes de que puedas encontrar algo…”

- Lewis

El vínculo del hombre moderno con la naturaleza salvaje es uno de los temas más recurrentes de la gran literatura y del gran cine. Ese vínculo se ha abordado de muy diferentes maneras por escritores o cineastas: desde una perspectiva absolutamente ingenua y por ello indefendible, hasta una forma muy oscura de percibir el entorno natural, por muy bello y bucólico que este sea. Dentro de ese arco de posibilidades, las que observan la naturaleza como un ambiente de libertad pero despiadado y terrible, no me cabe duda que son las más certeras, sobre todo cuando gracias a ello vemos reflejado al hombre como lo que verdaderamente es en su esencia más primigenia: una frágil criatura mortal que lucha por sobrevivir. En ese sentido, la quinta realización del cineasta británico John Boorman, es una de las experiencias más catárticas y extenuantes que puede vivir un espectador.

Probablemente ‘Defensa’ (‘Deliverance’, 1972) sea la película más redonda de toda la filmografía de Boorman (no he visto ni ‘Catch Us if you Can’ ni ‘Where the Heart Is’, pero dudo mucho que lleguen a este nivel), y uno de los filmes que mejor demuestra lo extraordinaria que fue en muchos sentidos la década de los setenta, en enorme contraste con los penosos (y ahora absurdamente reivindicados, para mí) años ochenta. Una aventura inolvidable y conmocionadora, que no ofrece la menor concesión al espectador ni el menor divertimento barato. No consigo recordar (¿podré alguna vez?) quién fue el que dijo que las únicas historias que merecen la pena ser contadas son aquellas que susurrarías al oído de un moribundo, pero creo que es muy cierto, y ‘Defensa’ es una de esas historias. El espejo definitivo en el que mirarnos y ver reflejada nuestra condición más terrible, pero quizá también la más auténtica, la más noble.

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