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John Frankenheimer

Añorando estrenos: 'El tren' de John Frankenheimer

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Cualquiera puede decir que la cumbre del cine se produjo en las décadas de los 60 y 70. Personalmente creo que dicho momento álgido tuvo lugar concretamente entre 1955 y 1965 por muchas y diversas razones. Una de ellas, probablemente no de las más importantes para algunos, tuvo lugar en el cine norteamericano años antes de que la generación de Spielberg, Scorsese y Coppola hiciesen acto de presencia. Un buen número de realizadores salidos de la televisión llegaban a la pantalla grande con proyectos más que interesantes, la mayor parte de ellos con cierto compromiso social en sus argumentos. Gente como Arthur Penn, Sidney Lumet o John Frankenheimer se hacían notar por encima de las posibilidades que una errónea apreciación sobre su procedencia hacían pensar.

El cinéfilo más actual podrá comprobar que actualmente también hay varios directores de origen televisivo que empiezan a despuntar en el campo cinematográfico —sucede también lo contrario, pero ése es otro tema—. Nombres como J.J. Abrams o Josh Whedon están dejando su impronta en la memoria cinéfila, tal vez no al mismo nivel que los directores citados en aquellos años. El caso de Frankenheimer es realmente llamativo, ya que en la década de los 60 nos dejó nada menos que seis films extraordinarios, perfectos ejemplos de aquel cine que empezaba a cambiar a marchas forzadas. Películas como ‘El hombre de Alcatraz’ (‘Birdman of Alcatraz’, 1962), ‘El mensajero del miedo’ (‘The Manchurian Candidate’, 1962) o ‘El tren’ (‘The Train’, 1964) son buena prueba de ello. La que hoy nos ocupa es posiblemente la mejor película de su director, y también una de las cumbres del cine bélico.

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Críticas a la carta | 'Ronin' de John Frankenheimer

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La imagen que encabeza este texto pertenece a una de las secuencias más recordadas de ‘Ronin’ (id, John Frankenheimer, 1998), film que a finales de los 90 sorprendió por enfrentarse al moderno cine de acción desde una óptica más clásica, y que, en cierto modo, se adelantó a lo que más tarde veríamos en la saga Bourne, cuyas influencias del cine de los thrillers de los 70 es más que evidente. Pero antes de que Paul Greengrass de luciese con la espléndida tercera entrega de la saga, un artesano como John Frankenheimer nos dejó con la boca abierta con ‘Ronin’, que lejos de ser una gran película, sí es muy disfrutable —uno de los principales objetivos del séptimo arte creo que es hacer disfrutar al espectador—, y sirve de lección a otros directores con más millones en el banco, pero que de filmar acción no saben absolutamente nada.

John Frankenheimer jamás formará parte de la lista de grandes directores de la historia, llena de nombres repetidos hasta la saciedad. Pero sí forma parte de la lista de grandes artesanos, que lejos de dejar una huella imborrable en el cine, dejaron el suficiente número de películas, algunas de ellas imprescindibles, con las que honraron una profesión que con el paso de los años, y salvo excepciones, ha ido encaminándose hacia el abismo de la falta de personalidad, convirtiéndose en muchos casos en robots que firman productos prefabricados destinados única y exclusivamente a amasar grandes cantidades de dinero. No tengo nada en contra de ganar dinero, y menos en estos tiempos, pero aquí cuando hablamos de una película es lo que menos nos interesa. Lo que nos interesa es el buen cine, y en ‘Ronin’ lo encontramos. Tanto, que trece años después de su estreno, la película no ha envejecido ni un ápice. Si acaso lo contrario.

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Estrenos DVD y Blu-ray | 13 de diciembre | Niños de todo tipo: astros, karatekas, estrellas y grandes

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Esta es la última semana del año en la que las distribuidoras presentan sus lanzamientos. Todo está ya en las estanterías preparado para ser adquirido en masa. Y sin embargo no encontramos títulos de los que se hagan cola para comprar, pero seguro que pueden añadirse a esa lista de regalos para toda la familia. Repasemos lo que nos encontramos esta semana.

‘Astro Boy’

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Con escaso margen desde su estreno en España (demorado en exceso, como de costumbre), ‘Astro Boy’ llega al formato doméstico para disfrute de los que se la perdieron, que seguro fueron muchos ya que la película desapareció pronto de cartelera. Esta libre adaptación del personaje de manga homónimo creado por Tezuka y cuyo principal reclamo es la animación en 3D. Veremos si esta edición consigue más tirón sobre todo para los más pequeños, porque la historia es floja y manida, como ya nos contó Beatriz en su crítica.

Sale a la venta en DVD con algunos extras, pero también una edición más completa, el “Combo Pack” en Blu-ray + DVD (22,95 euros).

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'Los jóvenes salvajes', John Frankenheimer y la pena de muerte

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‘Los jóvenes salvajes’ (‘The Young Savages’) es una de las películas menos conocidas de John Frankenheimer, y curiosamente una de las mejores. La película fue un fracaso en su época, a pesar de estar protagonizada por estrellas de primera fila, pero viéndola hoy uno se da cuenta de su fracaso. No fue porque estuviera mal dirigida por Frankenheimer (algo sólo creíble en muy pocas ocasiones), o porque no tuviera un buen guión, o porque Burt Lancaster ofreciese una interpretación penosa. No creo que nada de eso tuviera que ver, entre otras cosas porque dichas cosas no ocurrieron. En cambio, la dureza de su tema es muy probable que incomodase al espectador de la época: la aplicación de la bochornosa pena capital a tres adolescentes.

Dicho tema, aún de actualidad a día de hoy en los Estados Unidos, que siguen retrasados unos cuantos siglos al respecto, siempre ha llamado la atención de todos cuando se trata en una película. Films tan conocidos como ‘A sangre fría’ (‘In Cold Blood’, Richard Brooks, 1967), basado en la no menos famosa novela de Truman Capote, ‘Impulso criminal’ (‘Compulsion’, Richard Flesicher, 1959), que contiene un discurso de diez minutos por parte de Orson Welles, que debería ser enseñado en todas las universidades del mundo, o ‘Pena de muerte’ (‘Dead Man Walking’, Tim Robbins, 1995), han indagado en este espinoso terreno. ‘Los jóvenes salvajes’ lo hace con la misma dureza, sin ningún tipo de miramiento, haciendo que el espectador se revuelva en su asiento.

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