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John Huston

Críticas a la carta | 'El hombre que pudo reinar' de John Huston

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Hace poco, hablando de una de las obras maestras de la década de los 90, ‘Un mundo perfecto’ (‘A Perfect World’, Clint Eastwood, 1993), hablaba con un lector sobre los perdedores del cine de John Huston, Eastwood y Sam Peckinpah, entre otros. Por eso resulta idónea la casualidad de rescatar una película como ‘El hombre que pudo reinar’ (‘The Man Who Would Be King’, John Huston, 1975) en esta recuperada sección de Críticas a la carta. En ella el término perdedor alcanza el significado cinematográfico por antonomasia, sobre todo en el cine de su autor, que tras una filmografía ejemplar, con sólo muy pocos tropiezos, encontró el punto más alto de la misma en este trabajo. A partir de ahí, el cine de Huston se debilitó para sorpresa de propios y extraños, recuperándose milagrosamente en su obra póstuma, la magistral ‘Dublineses’ (‘The Dead’, 1987).

Con ‘El hombre que pudo reinar’, Huston sumaba en su filmografía el adaptar al gran Rudyard Kipling, tras adaptar a escritores de la talla de Dashiell Hammet, Tennesse Williams o Herman Melville. Adaptaciones de las que salió airoso gracias a su envidiable capacidad de saber trasladar a la pantalla el espíritu de la obra, alcanzando con el escritor de origen indio la cota más alta de su cine, al menos para quien esto suscribe. Pocas veces en la historia del cine el género de aventuras ha estado tan bien tratado. En una década en la que los apellidos Lucas y Spielberg se alzarían como los máximos responsables de los cambios que sufriría el séptimo arte a partir de entonces, Huston se mantuvo fiel a una mirada más clásica, menos artificiosa, el gran mal de la mayoría de las superproducciones actuales.

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Clint Eastwood: 'Cazador blanco, corazón negro'

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Tras las alimenticias ‘La lista negra’ (‘The Dead Pool’, Buddy Van Horn, 1988) y ‘El cadillac rosa’ (‘Pink Cadillac’, Buddy Van Horn, 1989) —que dicho sea de paso, no fueron el éxito económico que se esperaba de ellas, provocando que Eastwood no volviese a dar vida a Harry Callahan y tampoco a interpretar cierto tipo de comedias que anteriormente habían funcionado en taquilla— el director de ‘Sin perdón’ (‘Unforgiven’, 1992) se metió de lleno en uno de sus proyectos más personales. Una de esas películas a las que se enfrentaba gracias al éxito de otro tipo de films —aquellas cintas de acción que le ayudaron a crearse cierta imagen entre el gran público—, y cómo no, al sueldo que cobraba como actor en ellas.

Para ello eligió la novela de Peter Viertel ‘Cazador blanco, corazón negro’ (‘White Hunter, Black Heart’) en la que narraba las experiencias vividas en el rodaje de la mítica ‘La reina de África’ (‘The African Queen’, John Huston, 1951), una de las películas de aventuras más perfectas que se hayan realizado jamás. Viertel mezcló hechos reales con otros inventados —incluso se cambiaron los nombres de los personajes por otros— y se centró sobre todo en su relación personal y profesional con John Huston —director tan amado como odiado por muchos— y la obsesión que éste tuvo por irse de caza en África durante la filmación del mencionado film. Eastwood, fan absoluto del cine de Huston, aprovechó la ocasión para hablar de sí mismo y sus sentimientos hacia el cine.

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'Freud, pasión secreta', fascinante mirada al abismo de la mente

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Sobre un fondo de imprecisas imágenes que se superponen, una voz (la de John Huston) nos habla de los tres grandes golpes al orgullo del ser humano: el primero, la demostración de Copérnico de que la Tierra no es el centro del universo; el segundo, cuando Darwin afirmó que el hombre es parte de la naturaleza, un animal más, fruto de la evolución; el tercero, efectuado por Freud, que muchos de los procesos mentales son inconscientes, y que por tanto, escapan a nuestro control. Así comienza ‘Freud, pasión secreta’ (‘Freud’, también ‘Freud: The Secret Passion’, 1962), y así nos atrapa sin remedio, pues promete llevarnos a un fantástico viaje hacia las profundidades de la mente humana, hasta sus rincones más ocultos, revelando sus más turbios secretos. Una aventura apasionante, laberíntica y tenebrosa que puede además aportarnos claves sobre nuestra propia naturaleza. ¿Cómo resistirse?

Preparando la crítica de ‘Origen’ (‘Inception’), casualmente mientras realizaba un viaje en tren (y escuchando la banda sonora de Hans Zimmer), me puse a pensar en películas relacionadas con el mundo de los sueños, y me acordé que John Huston había realizado una sobre los inicios del psicoanálisis, centrada en la juventud de Sigmund Freud. Aunque (equivocadamente me parece a mí) no es una de las obras más reconocidas y recordadas de este gran director, lo cierto es que ‘Freud, pasión secreta’ se conserva maravillosamente viva, no ha envejecido lo más mínimo, al contrario, se la encuentra uno llena de fuerza y magnetismo, absolutamente fascinante.

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'Chinatown', el genio de la bestia

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Gittes:¿Por qué hace esto? ¿Cuánto mejor puede comer? ¿Qué puede comprar que todavía no le pertenezca?/Noah Cross:El futuro, Señor Gitts, el futuro.

Buceando en el caótico magma que es el cine (demasiadas películas se hacen al año, creo yo, a pesar de ser un asunto tan caro), es necesario encontrar ciertos faros, que a modo de guía, le reconcilian a uno con las películas. Sobre todo si se le dedica al cine tanto trabajo, tanto estudio y tantas horas de escritura como hacemos algunos. Y por uno de esos faros, uno de esos oasis, tengo a la octava realización del cineasta de origen polaco Roman Polanski, filme que este año cumple 25 35 años de existencia, y que no ha envejecido ni un ápice. De hecho, está más joven y más vigente que nunca.

El breve diálogo que he incluido más arriba me parece que resume, como un zarpazo terrible y verdadero, todo el espíritu de esta desoladora película, que sin el menor miramiento hacia el espectador, profundiza en la invencible capacidad de algunos canallas (verdaderos monstruos) por salirse con la suya, enriqueciéndose mientras aquellos a los que pisotean les perciben como personas respetables. Pocas veces el cine norteamericano ha llegado tan lejos en la crónica de la perfidia de los poderosos. Tuvo que llegar un pequeño (sólo por su tamaño) cineasta europeo y contarnos la cruzada de J.J. Gittes (“Gitts” y otras variantes para Cross).

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'El hombre de Mackintosh', Paul Newman, espía sin glamour

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El mundo del espionaje en el cine ha sido retratado principalmente de dos formas; una con la vertiente espectacular al estilo de James Bond y las cien mil imitaciones que le salieron a tan famoso personaje; y otra la totalmente contraria, la realista, con mucho menos glamour. No hace falta mencionar títulos enmarcados en el primer grupo; en el segundo podemos encontrarnos con muestras tan inolvidables como ‘El espía que surgió del frío’ o esta ‘El hombre de Mackintosh’, films que respiran atmósferas como las retratadas en las novelas de John Le Carré o Graham Greene, por poner dos ejemplos.

Es John Huston, probablemente el director que mejor retrató a los perdedores, el responsable del film, contando con Paul Newman como la principal estrella, justo un años después de dirigirle en ‘El juez de la horca’, western que repasaba la leyenda del juez Roy Bean desde un tono claramente decadente y crepuscular. Una pizca de ambos elementos hay en ‘El hombre de Mackintosh’.

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El libro 'Kate, la mujer que Hepburn fue' trata de desvelar los secretos de la actriz

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Katharine Hepburn Si no la más, Katharine Hepburn, para mí es una de las actrices más carismáticas de la historia del cine, con películas maravillosas como ‘Historias de Filadelfia’, ‘La fiera de mi niña’ o ‘La Reina de África’, que hace ya décadas dejaron el listón de las comedias románticas tan alto que nada de este género puede llenarnos si nos acordamos de aquellos títulos.

Consiguió su primer Oscar con ‘Gloria de un día’ pero tras este éxito trabajó en producciones de menor calibre lo que hizo que muchos creyeran que estaba acabada. Afortunadamente no fue así, Katharine Hepburn compró los derechos de la obra ‘Historias de Filadelfia’ (que ella misma interpretó en Broadway) y más tarde se los vendió a un estudio.

En el rodaje de ‘La mujer del año’ conoció a Spencer Tracy, el que sería el gran amor de su vida. Kathy se había divorciado de su marido, pero las creencias religiosas de Tracy no le permitían hacer lo mismo con su mujer. A pesar de todo su relación se mantuvo durante muchos años y llegaron a hacer nueve películas juntos.

Ganó 4 Oscars; el primero el antes mencionado, el segundo por ‘Adivina quién viene a cenar esta noche’, el tercero por ‘El león de invierno’ y el cuarto por la película ‘En el estanque dorado’. Las otras ocho nominaciones, siempre en la categoría de mejor actriz, fueron por las películas ‘Sueños de juventud’, ‘Historias de Filadelfia’, ‘Woman of the Year’, ‘La Reina de Africa’, ‘Locuras de verano’, ‘El farsante’, ‘De repente, el último verano’ y ‘Larga jornada hacia la noche’.

Murió el 29 de junio de 2003, tras sufrir durante muchos años de Parkinson.

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