
Tengo una pequeña tarea para ti. Ve a casa y mastúrbate. Vive un poco.(Thomas Leroy / Vincent Cassel)
Involucrado actualmente en el proyecto de ‘The Wolverine’ (la secuela de ‘X-Men orígenes: Lobezno’), da la sensación de que Darren Aronofsky necesita tomarse un respiro, justo ahora que goza de mayor reconocimiento, habiendo conseguido su primera nominación al Oscar. Dos años después de mostrar el amargo ocaso de un luchador, el cineasta norteamericano apuesta por la pesadilla de una bailarina, tras rechazar la opción de dirigir ‘The Fighter’ (finalmente acabó en manos de David O. Russell). La versión oficial es que acababa de filmar una historia parecida; en realidad, creo que no le entusiasmaba la idea de implicarse en un relato tan optimista. Y es que este cineasta parece obsesionado con el dolor, con hacer sufrir a sus protagonistas, fascinado poniendo a prueba los límites del ser humano.
Con su nuevo trabajo, ‘Cisne negro’ (‘Black Swan’, 2010), Darren Aronofsky se adentra en un pantanoso terreno del que es complicado salir con éxito. Resulta muy tentador embarcarse en el retrato de un infierno psicológico, da mucho juego en el cine y es habitual encontrarnos con propuestas de este tipo, en especial dentro del género de terror, pero son realmente escasos los trabajos que logran su propósito, que profundizan de verdad en un intenso viaje al abismo, perturbando tanto como estimulando al espectador, consciente de la fina línea que hay que traspasar para entregarse a la locura. Se agradece el intento, y hay destellos de gran cine en el quinto largometraje de Aronofsky, pero no llega a culminar del todo un relato que encuentro demasiado encorsetado a la búsqueda del impacto inmediato, del artificio visual.



Tras pensárselo mucho, resulta que el proyecto elegido por el prestigioso realizador parece de broma. La próxima película de 
