
Precedida de una campaña de marketing que explota su supuesta indecencia moral, del tratamiento abierto y sin tapujos de las relaciones homosexuales, pero que apenas ha logrado un hueco en la cartelera (y ni aún no lo ha hecho en la estadounidense siendo un film de 2009), ‘Phillip Morris, ¡te quiero!’ (‘I Love You Phillip Morris’) resulta una tragicomedia que explota los tópicos que anuncia, pero con enorme torpeza. Nos presenta un personaje tan misterioso como fascinante, un estafador genial, digno de libros de Historia cuya homosexualidad parece ser la única excusa para retratarlo y el único motivo por el que se quería rendir homenaje. Si es que se trata de un homenaje, puesto que caben muchas dudas sobre lo que en realidad buscaban sus inexpertos directores Glenn Ficarra y John Requa (guionistas de ‘Bad Santa’ como principal crédito).
Y es que esa indefinición de ‘Phillip Morris, ¡te quiero!’ es su mayor lastre. Juega con la comedia, con la tragedia, con el drama familiar, con el romance homosexual, con las intrigas de un estafador experto en huir de todo, ¿drama? carcelario… Nunca llega a convertirse en nada de eso. Quiere abarcar todo, jugar a mezclar estos elementos pero la fórmula resulta fallida y además cuenta con el hándicap de tener como protagonista a Jim Carrey. Un actor poco dado a contenerse y que acaba apropiándose del largometraje para añadirlo a su filmografía repleta de exceso gestual y poco verosímil.





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