Los Simpson: La película que nunca debió hacerse

Como casi todo ser humano del planeta, me considero fan de ‘Los Simpson’. Bueno, con reservas. En realidad, hace ya tiempo, años, que no veo las últimas temporadas. La serie, para mí, perdió calidad a una velocidad alarmante, volviéndose cada vez más repetitiva, abusando de los mismos chistes una y otra vez. Ya no encontraba esos episodios tan ácidos, donde te podías reír a carcajadas tan fácilmente como pensar que lo que veías era una estupenda crítica de la, a veces, mediocre realidad. Sí, reír y pensar. Demasiado para hoy día, me temo. Lo que está claro es que los trailers consiguieron que me olvidara de todo lo anterior y que me engañara a mí mismo, convenciéndome de que la película de Los Simpson recuperaría el buen sabor de antaño.
Como digo, un autoengaño. El film está hecho para los que aún siguen la serie religiosamente y para los que aún puedan esbozar alguna sonrisa cuando todo se ha convertido en una facilona autoparodia, destinada a seguir rentabilizando la gallina de los huevos de oro con el mínimo esfuerzo. Hace tiempo que algunos nos pasamos a la tristemente hundida ‘Futurama’ o a la más ácida ‘Padre de Familia’, sin ser ésta, desde luego, una serie que resista la comparación con la mejor época de Homer y compañía. Pero tal como está el patio, un par de bromas ingeniosas cada 5 minutos es todo un soplo de aire fresco en un verano caluroso, y la serie de Seth MacFarlane lo proporciona. Lo que se ha estrenado sobre la familia amarilla, no. Esta cosa lo que más proporciona son bostezos y es posible que incluso te deje de mal humor.

