
Todo parece estar claro en el gran plan urdido por la Marvel como productora cinematográfica. Cuando Ang Lee lo arriesgó todo ofreciendo una visión muy personal de Hulk —para el que suscribe una de las mejores películas de superhéroes que se han hecho—, muchos no supieron a qué atenerse. A pesar de que la película no fue ningún fracaso, el público en general no quedó demasiado contento con el resultado, quizá porque tenían que esforzarse en pensar, ejercicio menospreciado hoy día. A partir de la correcta ‘Iron Man’ (id, Jon Favreau, 2008), en la millonaria compañía se decidió tener el control absoluto sobre las futuras adpataciones de cualquiera de sus personajes. Así, con las miradas puestas en la próxima ‘The Avengers’ (Joss Whedon, 2012), todas las películas previas a ese megaproyecto están cortadas por el mismo patrón.
Se intentó rehacer en cierto modo a Hulk —a pesar de Edward Norton, un film muy aburrido obra del impersonal Louis Leterrier—, se repitió esquema en la segunda aventura de Tony Stark, con resultados prácticamente idénticos al primer film. Ahora con el Dios del trueno se ha hecho otro tanto de lo mismo, aun contando detrás de las cámaras con alguien de la talla de Kenneth Branagh, experto en Shakespeare, y director de grandes obras como ‘Mucho ruido y pocas nueces’ (‘Much Ado About Nothing’, 1993), ‘En lo más crudo del crudo invierno’ (‘In the Bleak Midwinter’, 1995) o ‘Trabajos de amor perdidos’ (‘Lover´s Labour´s Lost’, 2000), entre otras. Con la taquilla dándole la espalda desde la impresionante ‘Frankenstein’ (id, 1994), Branagh era sin duda el director adecuado para la adaptación sobre Thor. El resultado es otro producto made in Marvel en el que el director ha tenido que plegarse a las necesidades de la productora, aunque en algunos momentos ha logrado conservar algo de lo que le ha caracterizado como autor.





