
Es curioso que la última película de Robert Altman como director haya sido un film que retrate la última emisión de un programa de radio musical, a través de las sensaciones y pensamientos de cada uno de sus componentes. Parece una ironía del destino que un film que retrata el final de una era fuese el testamento de un director muy valorado en los USA, y parte del mundo, y con el que ha trabajado más de medio Hollywood a lo largo de muchos años, pues bien es conocida la facilidad de este director para reunir en una sola película un reparto como mínimo espectacular.
Un servidor siempre ha considerado a Altman bastante sobrevalorado. De su extensa filmografía, en la que no hay una sola obra maestra, creo que cine de altura fueron títulos como ‘El Largo Adios’, y si me apuráis, ‘Vidas Cruzadas’. A pesar de su indiscutible estilo, al principio alternaba films de diversa índole, como las muy distintas entre sí, ‘Quinteto’ o ‘Buffalo Bill y los Indios’, por citar sólo dos ejemplos. Pero ha sido en los últimos años, desde principios de los 90, cuando sus películas me han parecido casi fotocopias las unas de otras. Deslumbrantes repartos, con trabajos actorales magníficos, pero con una tendencia a la repetición en sus esquemas argumentales, que terminaban provocando un sano aburrimiento. No son malas películas, pero no me marcan ni calan en mí. Sí, todo muy bonito y correctamente realizado, pero nada más.

