
Como dije en su momento, me hubiera gustado empezar el especial sobre Stanley Kubrick por su tercera película, ‘Atraco perfecto’ (‘The Killing’, 1956), a partir de la cual la carrera del cineasta neoyorkino comienza a ser verdaderamente interesante. De hecho, si no fuera porque Kubrick firmó algunas de las obras maestras más importantes de la historia del cine, creo firmemente que ‘Fear and Desire’ y ‘El beso del asesino’ no serían objeto de estudio, y se habrían perdido en el olvido. Es obvio que en ambas películas se pueden percibir maneras y apuntes que más tarde desarrollaría Kubrick con mucho mayor ingenio. Porque tanto en una como otra, el director demostraba ser un principiante, preocupado nada más por el aspecto visual de sus films, en lo que siempre fue un maestro, descuidando prácticamente todo lo demás.
Kubrick nunca fue un narrador clásico, en el más estricto sentido del término. Su mirada pretendía ir más allá de sus personajes, a los que siempre colocaba en situaciones que les superaban. Distanciándose de ellos, y con cierta frialdad, pretendía abarcar temas universales y trascendentales. Pero eso fue más adelante, en ‘El beso del asesino’ pueden verse claramente las tendencias de una época en la que las consecuencias de la guerra reflejaban un mundo lleno de corrupción, y en el que la línea entre el bien y el mal empezaba a estar muy difuminada. El carácter realista que se daba en muchos documentales, se aplicaba a muchos films del llamado cine negro —film noir para los franceses—, y Kubrick optó por ello en éste y el siguiente.

