
Me han llamado profundamente la atención las palabras del actor Dustin Hoffman, a raíz de su paso por nuestro país como parte de la promoción de ‘Kung Fu Panda’, en la que presta su voz. Resulta que el septuagenario actor proclama que ya no existen verdaderos maestros de interpretación, que los actores de antes (los de su generación, la de los 70) tenían un oficio, procedían del teatro, y aprendían de profesores tan reputados como Lee Strasberg, fundador del mítico Actor’s Studio. Y afirma que ya no hay actores capaces de hacer un repertorio de Shakespeare.
Sin querer ahondar en este supuesto alegato crítico contra las nuevas generaciones de actores jóvenes que ha soltado Dustin Hoffman, que considera (negativo) que los intérpretes de hoy se forjan en el mundo de la televisión en vez de en buenas escuelas de actores, me da la impresión que el veterano actor se encuentra algo desubicado.
Al menos en cuanto a su nostálgica percepción de la contemporaneidad cinematográfica. Quizás sea cierto, como premisa lo acepto, pero en el fondo se equivoca, porque no asume que los tiempos cambian, y aunque pueda compartir esa visión clasicista de que tiempos pasados fueron mejores, sobre todo en lo concerniente a las estrellas de su generación (Al Pacino, Robert De Niro,...), es fácil caer en el demagógica afirmación de que los actores jóvenes actuales no valen (él puntualiza que los hay muy buenos), no están hechos de la misma materia y no poseen la formación adecuada (y sólo porque no tengan la misma que él obtuvo).