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Kurt Vonnegut Jr.

'Cambio de identidad', sobre el relato de Kurt Vonnegut Jr.

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Cambio de identidad

El mes pasado hablé de otra adaptación de una novela de Kurt Vonnegut Jr., ‘Matadero 5’, la que puede ser su obra más celebre. En esta ocasión, me quedo con una pieza corta del escritor, publicada en el tomo ‘Welcome to the Monkey House’, que fue llevada a la pequeña pantalla en una tv-movie de apenas una hora de duración: ‘Cambio de identidad’ (‘American Playhouse: Who Am I This Time?’, 1982). Los protagonistas de esta película son Susan Sarandon y Christopher Walken, y está dirigida por Jonathan Demme.

La historia que se nos cuenta nos sitúa en un pequeño teatro de barrio, donde actores y directores de escena aficionados representan obras con un espíritu amateur. Harry Nash (Christopher Walken) es un empleado de una ferretería, taciturno y tímido hasta lo patológico, que se transforma cuando sube al escenario y encarna uno de los papeles. Helene Shaw (Susan Sarandon) es una recién llegada: empleada en la oficina de correos, el encargado de la compañía teatral la descubre y le ofrece una prueba. Sin embargo, ella no es capaz de soltarse en el papel de Stella, de ‘Un tranvía llamado deseo’. Cuando Harry se mete en la piel de Stanley Kowalski y ensaya con ella, se desata la pasión y la interpretación resulta arrebatadora. La directora de la obra ya tiene a sus protagonistas. Sin embargo, Helene, que desconoce el problema de personalidad de Harry, se está empezando a enamorar de un hombre que no existe.

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'Matadero cinco', sobre la novela de Kurt Vonnegut Jr.

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Michael Sacks

En 1972, George Roy Hill adaptó la novela de Kurt Vonnegut Jr., ‘Matadero cinco’ (‘Slaughterhouse-Five’), con el siguiente reparto: Michael Sacks, Ron Leibman, Eugene Roche y Valerie Perrine.

Kurt Vonnegut, que vivió el bombardeo de Dresde, quería escribir un libro que narrase aquel terrible acontecimiento. Al regresar de la Segunda Guerra Mundial, pensaba que no podría ser difícil retratar los hechos tal como los recordaba, pero no le salían las palabras. Visitó la ciudad en 1967 y siguió sin encontrar cómo narrarlo. Esta imposibilidad se convierte en una ventaja cuando lo que sale de la pluma de Vonnegut es un retrato de una mente desequilibrada y trastornada, mucho más interesante que el mero relato denuncia del episodio bélico de Dresde.

En pocos casos los lectores quedan contentos con la adaptación que se hace de su libro favorito. Y si ha sucedido aquí no es precisamente porque fuese tarea fácil, ya que ese delirio no se describe, sino que se le imprime a la estructura de lo narrado. Ni la película ni el libro son una descripción de un personaje loco, son una locura por sí mismos. En el caso de Vonnegut, al tratarse de algo autobiográfico, era lógico que resultase así. Pero para Hill –y para el guionista Stephen Geller— no pudo haber sido sencillo penetrar en su mente y contagiarse de la enajenación tan bien como para aparentar que, efectivamente, ellos habían padecido los mismos desequilibrios mientras creaban el film.

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