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La cena de los idiotas

'La cena de los idiotas', la gran comedia

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Hace poco, en una de esas charlas que se mantienen en la calidad de un café bar, entre cervezas, cafés, sustancias innombrables, y por supuesto, entre amistades que valen su peso en oro, hablábamos de que todo el mundo tiene una película famosa que no ha visto. Conozco a gente que aún no ha visto las películas de Star Wars, ‘Casablanca’ o ‘Los 7 samurais’, por poner ejemplos varios y diversos. Entre los cinéfilos más experimentados también existe ésa, o esas, películas, que por una razón u otra, permanecen en el cajón de las cuentas pendientes.

En mi caso particular, ‘La cena de los idiotas’ es (era) una de las películas que aún no había visto, y que cuando me preguntaban por ella, se sorprendían al revelarles que aún tenía que ponerme a verla para poder hablar sobre ella. Hace nada, dicha película cayó en mis manos por vías extrañas e inesperadas, y como no me gusta poseer lo ajeno demasiado tiempo en mi poder (por eso nunca pido nada, y menos películas), me apresuré a visionar un film que me proporcionó las risas más desternillantes que haya soltado en los últimos años. Y es que la comedia es, probablemente, el género más difícil de realizar en la actualidad.

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Se prepara un remake norteamericano de 'La cena de los idiotas'

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cons

Y de repente, dejamos de tener la imagen del cine francés como películas pesadas, de autor, en las que hombres mayores seducían a jovencitas de muy buen ver para encontrar en él algunas de las mejores comedias de la década. Todo gracias a Francis Veber. Y la ruptura en esta imagen, probablemente, gracias a ‘La cena de los idiotas’ (‘Le dîner de cons’), uno de los films más desternillantes y canallas que he visto.

Con unas interpretaciones grandiosas de Thierry Lhermitte, en el papel de Pierre Brochant, el pijo que prepara la trampa para reírse de ese pobre idiota, y de Jacques Villeret en la piel de François Pignon, el idiota que le da la vuelta a la situación; no es que la película sea inmejorable, es que es irrepetible, ya que Villeret falleció en 2005.

Como ya sabréis, el film, que realiza una ácida crítica social, es una adaptación de una obra de teatro del propio Veber y, por ello, no presenta una gran variedad de escenarios ni una gran movilidad, pero los diálogos son tan buenos que no es necesario.

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