El prolífico —con pocos directores se puede utilizar este término con tanta exactitud— Takashi Miike presentó ayer a concurso en la 67ª edición de la Mostra de Venecia ‘Jûsan-nin no shikaku’ (conocida internacionalmente como ’13 Assassins’), un remake de la que hizo Eiichi Kudo en los años sesenta rodado en la línea de ‘Los siete samuráis’, de Akira Kurosawa, o de ‘Los siete magníficos’, de John Sturges. Con estas dos predecesoras en mente, parece obvio que algunos la califiquen de «cinta de samuráis con sabor a lejano oeste». El director declara que con ella quería mostrar «lo difícil que es conseguir vivir en paz. La sociedad actual no valora la paz, no quiere cambios y no arriesga nada, solo quiere una vida tranquila».
Se cuenta que ‘13 asesinos’ no sólo logra ser un minucioso retrato de las costumbres de los samuráis, sino también un despliegue visual donde se contemplan todas las formas de rodar la lucha de espadas. Como Miike es debilidad de Tarantino, presidente del Jurado, se dice que tiene posibilidades. Espero que, si gana, sea porque se lo merece y no por este dato que en casi todos los medios utilizan como motivo principal para considerarlo entre los que cuentan con opciones al León.

