James Cameron (VI): La madre de todos los monstruos

Aquí se ha venido a sufrir. Es la sensación que le asalta al espectador de ‘Aliens’ cuando, a los pocos minutos del comienzo, somos testigos de una terrible pesadilla (una de muchas, probablemente) que sufre la aguerrida Ripley, después del calvario que vivió a bordo de la Nostromo. Es tremendamente interesante que la primera secuencia en la que ella habla sea una pesadilla, aunque nosotros no lo sabemos hasta poco después. Nos traslada violentamente al momento más aterrador de la primera película, y nos pone a todos los pelos de punta. Mejor comienzo imposible. Cogiendo el toro por los cuernos, Cameron se propuso hacer mucho más que una secuela. Para él la única superviviente de la primera aventura merecía ser la razón de una secuela, y convertirse en un icono del género. Su éxito contra el alienígena fue mucho más que suerte.
Pero ahora que la teniente Ripley ha regresado a “casa”, no va a tener un recibimiento precisamente caluroso. Nadie cree su historia (lo cual es muy inteligente por parte de Cameron), y la compañía que la tenía bajo contrato prácticamente la somete a un consejo de guerra. Ella se muestra vigorosa, pero no tiene nada que hacer. La retiran su permiso de vuelo. Aún peor, ignoran sus advertencias de la criatura que conoció, y de los miles de huevos que esperan convertirse en eso. De hecho, una colonia de terraformadores (docenas de familias) se encuentra en ese planeta. Como a menudo dice Cameron, lo más importante es meter a tu personaje en el agujero más hondo imaginable, a ver cómo sale de ahí. Otorgando el protagonismo absoluto a Ripley (interpretada con grandísimo talento por Sigourney Weaver, que fue nominada al Oscar), Cameron construye su historia, una vez más, bajo el punto de vista de una mujer superlativa.
