
Tras su paso por los festivales de Toronto, Roma y Tribeca, se ha estrenado esta semana ‘Sólo una noche (Last Night)’ (‘Last Night’, 2010), de Massy Tadjedin, que plantea cómo una decisión tomada en un instante puede tener consecuencias para toda la vida. Keira Knightley y Sam Worthington interpretan a un matrimonio que discute y es asaltado por los celos, pero que se aferra a su relación. Una noche, él debe viajar por trabajo y la esposa permanece sola en la ciudad. Da la casualidad de que justo entonces, reaparece un ex, Guillaume Canet, que aún siente algo por ella. Mientras tanto, Eva Mendes, una compañera de trabajo de él desplegará todas sus artes de seducción.
La idea que quiere transmitir la película es la de que puedes estar felizmente casado y plantearse cometer una infidelidad. Es decir, que trata de apelar a cualquier tipo de persona emparejada, no solo a aquellas que tienen problemas en su relación o que ya han perdido el interés por el otro, en cuyo caso, caer en el adulterio no supondría ni una sorpresa ni un conflicto moral. La idea que se introduce para demostrar esto es la de la tentación. Se buscan dos situaciones que resultarían muy tentadoras: para ella está la del antiguo amor, aún no del todo olvidado. Para él hay algo más terrenal y consabido: la tentación de la carne en forma de una mujer extremadamente sensual. Esta manera de introducir la posibilidad de la infidelidad, sin recurrir a justificaciones como el excesivo retrato negativo de uno de los cónyuges o el drama recargado, es lo más novedoso de ‘Solo una noche (Last Night)’.



