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Lawrence Fishburne

'Apocalypse Now', la plantación francesa

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Primero, perdimos en la Segunda Guerra Mundial. No digo que ustedes ganaran, pero nosotros perdimos. En Dien Bien Phu, perdimos. En Algeria, perdimos. ¡En Indochina, perdimos! ¡Pero aquí no perdemos! Este trozo de tierra, lo conservaremos. Nunca lo perderemos. ¡Nunca!

(At first, we lose in Second World War. I don’t say that you americans win, but we lose. In Dien Bien Phu, we lose. In Algeria, we lose. In Indochina, we lose! But here we don’t lose! This piece of earth, we keep it. We will never lose it. Never!)

-Hubert de Marais

Después del capítulo del puente de Do-Lung, que facilmente puede interpretarse como un puente a otro mundo, el quinteto pierde al primero de sus componentes, el entrañable y pelmazo Limpio (Lawrence Fishburne), en una secuencia típicamente coppoliana, pues a una situación extraña (uno lee la infame noticia del asesinato de Sharon Tate por la secta de Charles Manson, otro abre un bote de humo púrpura y el barco se ve, literalmente, atrapado en una nube. En ese mismo momento, como si invocaran a un enemigo invisible, reciben una mortífera lluvia de bengalas, una de las cuales impacta en Limpio.

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'Apocalypse Now', por el camino de baldosas amarillas

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Semanas de viaje remontando un río que serpenteaba como un cable conectado a Kurtz
(...Weeks away and hundreds of miles up a river that snaked through the war like a main circuit cable – plugged straight into Kurtz)

- Willard

Una música de reverberaciones tenebrosas, lograda a base de sintetizadores y un sentido operístico de la puesta en escena, acompaña al minúsculo helicóptero que sobrevuela una zona agrícola vietnamita (en realidad, una zona agrícola filipina). Coppola describe así el estado anímico de Willard, que al fin ha conseguido una misión, seguramente la última de su vida. El sonido de la hélice reverbera. Imposible no remitirnos a la secuencia inicial de la película. El sonido como una espiral que atrapa a Willard, que le arrastra. Ha regresado, y la hélice recupera ese sonido infernal.

Willard comienza a hablar, a reflexionar más bien, sobre cuánta gente ha matado, mientras observamos cómo llega a su lancha y parte desde alguna parte del río Nung. No parece importarle mucho ser un asesino. Lo malo es que esta vez se trata de un americano, y de un oficial. Ahora por fin sabemos por qué Coppola ha elegido a este personaje para protagonizar su tenebrosa adaptación del original de Conrad y homenajear al mismo tiempo, en cierto sentido, a ‘El mago de Oz’. Es un asesino y va a cumplir su misión. Sí, pero es un soldado lúcido, no una máquina de matar sin sentimientos. Es decir, es un privilegiado por su falta de escrúpulos, por su extraña moral y por la increíble misión que va a llevar a cabo.

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