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A pesar de que nos inundan continuamente con películas de terror, todas muy parecidas entre sí, la cinematografía asiática es una de las menos conocidas por estos lares. Muy pocos autores llegan hasta nosotros, y si lo hacen, es apenas con una obra o dos. Kim Ji-Woon es uno de esos autores. Hasta ahora, comercialmente sólo le conocemos la floja ‘Dos Hermanas’, y aunque es un director que tiene pocas películas, ahí están algunas con cierto renombre como ‘The Foul King’ o esta ‘A Bittersweet Life’, que pasó por el festival de Sitges el pasado año acaparando mucha atención. Y desde luego despertando alguna que otra pasión, que por mi parte encuentro desmesurada.
Sun-woo es un gerente de hotel que también trabaja como la mano derecha de un importante mafioso. Un día recibe un encargo muy especial de éste. Le ordena vigilar a su novia, de la cual sospecha que se está viendo con otro hombre. a orden es que si encuentra juntos a los amantes, los elimine sin contemplaciones. Las cosas se complicarán muchísimo cuando Sun-woo decide perdonar la vida a los jóvenes amantes.
La película pretende ser una viaje por la venganza con un crescendo que no está para nada conseguido, entre otras cosas porque el film tiene un ritmo enormemente lento y tedioso que hace que no veamos la evolución del personaje principal, el único personaje en el que parece centrarse la película, ya que todos los demás están descuidados, pues entran y salen en escena como por arte de magia. Todo un descuido para una película que pretende hablar de la imposibilidad de una persona para comunicarse fuera de sus habituales círculos. Habla de la soledad, pero hacer eso no es filmar sólo al personaje y ya está. En ese aspecto la película parece de principiante que no ha estudiado.
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