
Como ya sabréis, gracias a los carteles que empapelan las ciudades, el 20 de agosto se estrena ‘Salt’, un film de acción, dirigido por Phillip Noyce, en el que Angelina Jolie interpreta a la agente de la CIA Evelyn Salt, que regresa de un largo y doloroso secuestro. Nada más reincorporarse, recibe la petición de interrogar a un ex-agente ruso, quien hace una declaración bastante peculiar, que pone en peligro la vida de Salt.
En las críticas sobre películas de acción es tan habitual comentar que la premisa de la que parten es débil y el desarrollo argumental limitado, que estas afirmaciones llegan a perder el sentido o la efectividad porque ya parece que eso es lo que hay que argüir siempre ante este género. Por ello, cuando llegan casos como el de ‘Salt’, es difícil transmitir esa idea con el énfasis suficiente o con la capacidad para convencer intacta. Pero es que el grado de nimiedad de la historia narrada en ‘Salt’ hace que, a su lado, todas las anteriores parezcan sesudos e intrincadísimos juegos de ingenio.
A grandes rasgos, el film se resume en dos secuencias, la primera de una hora de duración, aproximadamente, y la segunda que se extiende a lo largo de la media hora restante. Dos secuencias que se detonan a partir de dos revelaciones carentes de la facultad de sorprender, no tanto por previsibles, como por la cantidad de veces que han sido ya empleadas y por lo poco impactantes que resultan.










