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		<title>Blogdecine</title>
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Blog de cine, los trailers y críticas de películas de todos los estrenos. Información sobre futuros rodajes y todo sobre las estrellas.		</description>
		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 01:45:22 +0000</pubDate>

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      <title><![CDATA[James Cameron (IV): El exterminador líquido]]></title>
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      <pubDate>Mon, 10 Nov 2008 07:57:00 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image22354" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/terminator2bdcap7.jpg" class="centro" alt="terminator2bdcap7.jpg" /></p>

	<p>Con la extrema originalidad, fuerza narrativa y riesgo de la primera película, pocos aceptan a <strong>&#8216;Terminator 2: The Judgment Day&#8217;</strong> como la magistral secuela que es. Para quien esto firma, la cuarta realización de <strong>James Cameron</strong> es un ejemplo de lo que una secuela debería ofrecer: la ampliación de un universo, la concreción de unos caracteres, un salto mortal. Regresamos a la pesadilla siete años después, y las cualidades puramente cinemáticas, audiovisuales de la continuación resultan innegables, así como la arrolladora personalidad de un director en estado de gracia. Cine de autor de cien millones de dólares.</p>

	<p>Habíamos abandonado a Sarah cuando la carretera por la que conducía se sumía bajo una tormenta siniestra. No sabíamos cuán siniestra iba a ser. Cameron se encarga de que la nueva aventura sea un viaje aún más intenso. Agotada gran parte de la capacidad de sorpresa, &#8216;nos queda&#8217; una experiencia emocional basada en un sentido de la puesta en escena que totaliza las posibilidades del cine espectáculo y llega más allá: a la hipnosis fílmica. Tan sólo <strong>&#8216;The Dark Knight&#8217;</strong> (Nolan, 2008) ha conseguido, en los últimos 17 años, repetir esa hipnosis. La del cine de gran presupuesto como experiencia absoluta, grandiosa, catártica.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Que Cameron ha mejorado mucho en su formulación visual, queda patente en la primera secuencia, que es un prodigio de planificación: hombres contra máquinas. El percutante empleo de la música de <strong>Brad Fiedel</strong>, y la fotografía en VistaVisión 35 mm de <strong>Adam Greenberg</strong> (que por fin cristaliza el color azul metálico característico de Cameron con una percepción del encuadre muy notable) dan forma a un arranque avasallador, inconmensurable. La última imagen antes de los créditos es el rostro pétreo de John Connor adulto. ¿Cae Cameron en un gatillazo tras esta primera secuencia? Ni por asomo. Con convicción, sin flaquezas, nos arrastra junto al joven John Connor (un gran <strong>Edward Furlong</strong>, en una decisión de casting magnífica), la guerrera Sarah Connor (una enérgica y sorprendente <strong>Linda Hamilton</strong>) y un difícil T-800 (un muy creíble <strong>Arnold Schwarzenegger</strong>) y un aterrador T-1000 (intuitivo y gélido <strong>Robert Patrick</strong>) a otra pesadilla insuperable.</p>

	<p>En esta película la acción se constituye en verdadera razón de ser, en expresión poética. No exageramos. La secuencia, tan recordada, de la persecución por los canales, que para muchos podría ser la mejor secuencia de acción de todos los tiempos, es el máximo ejemplo de esto. En opinión de quien esto escribe, es una muestra de cine puro: dinámico, emocionante, sencillo, directo, pinza entre un acto y el siguiente, descubrimiento de John de una realidad (si en <strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong>, durante la primera huída, Sarah se enteraba de la situación por las explicaciones de Kyle, aquí damos por hecho que Sarah se lo contó todo a John años atrás, aunque hasta ahora no se lo creía), narración concebida para suscitar una conmoción verdadera, que es el más alto objetivo de la puesta en escena.</p>

	<p><img id="image22360" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/terminator2bdcap1.jpg" class="centro" alt="terminator2bdcap1.jpg" /></p>

	<p>Pero, y a pesar de que de nuevo la sencillez del relato lo impregna todo, Cameron tiene elementos muy interesantes que explorar por primera vez desde <em>Aliens</em>: tales como la necesidad del amor filial, la difícil y tortuosa relación madre/hijo o la redención a través del sacrificio en el caso de Miles Dyson o el propio T-800. Todo ello contado teniendo en cuenta las propias limitaciones, tanto personales como de una película orientada más a producir una catarsis audiovisual que a intentar una narración ilustrativa. Porque, seamos sinceros, no basta con hablar de un tema para que el espectador cambie su percepción del mundo. El cine llamado &#8216;de mensaje&#8217; o ilustrativo nunca conseguirá sus objetivos. Si la humanidad hubiera aprendido los grandes valores del arte. haría miles de años que el mundo sería muy distinto, y el futuro más halagüeño (y no habría directores de Sci-Fi como Cameron). Pero nadie aprende nada si no es a través de una fuerte emoción.</p>

	<p>Y es que si un adjetivo puede definir a los dos terminators es emoción. Y en el caso del segundo con una depuración en el estilo de Cameron evidente, que dirige con mucha seguridad en sí mismo, dotando al conjunto de gran unidad, pues no hay nada en él que pueda entresacarse sin que sufra la totalidad. Pongamos un ejemplo: tras salir ilesos del primer intento del T-1000 de asesinar a John, el muchacho intenta avisar a sus padres adoptivos. Antes, el T-800 ha comenzado a explicarle a qué tipo de enemigo se enfrentan. Después de que nosotros, espectadores, observemos aterrados cómo el T-1000 asesina a sangre fría a su padre, transformado en su madre, el T-800 completa la explicación. Todo podría haberse resuelto con una sola secuencia, pero las cinco o seis secuencias con las que lo resuelve añaden detalles importantes sobre cada personaje, preparan al espectador anímicamente (a continuación John comienza a hablar de su madre), se entrelazan unas con otras creando un contínuo secuencial de gran viveza y verosimilitud.</p>

	<p>Cameron posee una forma de dirigir, es decir, de entender el mundo, una forma de expresión que le pertenece a él y sólo a él. En esta película en la que se le puede acusar fácilmente de realizar una jugada comercial, sólo podía intentar ser coherente consigo mismo. Y la base son los personajes. Linda Hamilton es uno de los personajes femeninos característicos de Cameron, tan fuertes e independientes como los hombres. Su tormento es asumible por el espectador, con ese complejo de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Casandra">Cassandra</a> que acaba convirtiéndola en nuevo terminator. Su &#8216;tour de force&#8217; es la secuencia en la que intenta asesinar, aunque al final es incapaz, al informático Dyson, que será el responsable indirecto de la creación del superodenador con conciencia propia Skynet.</p>

	<p>Sus sueños del día del Juicio Final, con imágenes de niños reducidos a cenizas, son el apocalipsis que muchos hemos temido durante décadas, desde la proliferación de las armas nucleares y la cesión del control, cada vez más, a la inteligencia artificial. Aunque <strong>T2</strong> fuera una jugada comercial, nadie puede negarle su vigencia a la hora de hablarnos de nuestro mundo. Los que somos unos paranoicos nos sentiremos más identificados con Sarah. Los más optimistas con John. El muchacho es el contrapunto perfecto al pesimismo, lógico, de Sarah. En narrativa, los opuestos se complementan y se enriquecen. En esta película Sarah tiene algo que ver con la muerte, y John, que hasta encuentra una figura paterna en el T-800, tiene algo que ver con la vida, con el futuro. Edward Furlong le da vida con una verdad que hay que verlo para creerlo.</p>

	<p><img id="image22362" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/terminator2bdcap3.jpg" class="centro" alt="terminator2bdcap3.jpg" /></p>

	<p>En realidad el giro final en el que el cuarteto protagonista (una vez que Dyson se une a ellos) decide cambiar el futuro, ya existía en los esbozos de la primera película. Incluso se llegó a filmar una secuencia que se eliminó del montaje final, en la que Sarah intentaba convencer a Kyle de cambiar el futuro. Siguiendo la lógica de completar el círculo de Terminator, de ir lo más lejos posible, era inevitable explorar ese giro narrativo. De modo que la película sigue subiendo de interés e imprevisibilidad cuando entran en el edificio de Cyberdine en su hazaña suicida. Mientras en otras películas muy menores como <strong>&#8216;True Lies&#8217;</strong>, el giro final saca a uno completamente de la película, y resulta muy poco creíble, aquí es una razón de ser. Por supuesto esto da lugar a que el T-1000 tenga una tercera oportunidad que casi resulta definitiva, en un clímax final que no desfallece desde que vuelan las oficinas hasta la secuencia de la fundición. Más de media hora insuperable.</p>

	<p>Y es que al &#8216;azul Cameron&#8217; presente en la gran mayoría del metraje, se opone el rojo final del fuego de la fundición, en un giro también estético. Un rojo infernal, pero que también es una victoria frente al carácter líquido y frío del T-1000. Un largo final, angustioso y opresivo, que culmina el viaje de supervivencia y destrucción en un entorno casi onírico, prístino, abstracto. La mutilación provocada al T-800, la escalofriante &#8216;muerte&#8217; del T-1000 y el sacrificio (con una vista en primera persona también escalofriante) final del personaje de Schwarzenegger no son sino manifestaciones de la muerte en todas sus formas. Cuando la pantalla del T-800 se queda en negro, es el espectador el que muere a través de él, y el corazón parece detenerse. Cuando experimentamos piedad por el despiadado T-1000 nos sentimos un poco más humanos.</p>

	<p>Una tristeza inasible nos invade con las imágenes finales de <strong>&#8216;T2&#8217;</strong>. Los exterminadores, tanto el líquido como el sólido, no son sino parábolas, con su aspecto humano, de nuestra propia mortalidad, y sus muertes nos hermanan con ellos. Tanto en su monstruosidad como en su pasión (dolor). Cameron erige con sus criaturas una figura, un espejo, la ficisidad extrema (sobre todo en el caso del cambiante T-1000) como susceptible de la desmembración, la destrucción extrema, la regeneración pero también la desintegración. Un coro fantasmal acompaña los últimos momentos del T-1000, mientras que el tema clásico de Terminator resuena, ritualístico y lánguido, en la muerte del T-800.</p>

	<p>Se cierra el círculo. Cameron ensancha y enriquece (después de enriquecer y ensanchar el mundo de Alien) su &#8216;Universo Terminator&#8217;. Con la muerte de sus criaturas, el hombre prosigue su camino. No hay esperanzas de que no repitamos los errores, pero algunos podemos aprender algo, podemos vernos a nosotros mismos. Habrá más apocalipsis, en planetas lejanos (<strong>&#8216;Aliens&#8217;</strong>) o en pasados cercanos (<strong>&#8216;Titanic&#8217;</strong>). Ya veremos qué nos ofrece Cameron con ellos.</p>

<h2>En Blogdecine:</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/2008/11/03-james-cameron-i-el-futuro-es-ahora">James Cameron (I): El futuro es ahora</a></li>
	</ul>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/2008/11/05-james-cameron-ii-universo-terminator">James Cameron (II): Universo Terminator</a></li>
	</ul>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/2008/11/07-james-cameron-iii-huir-o-morir">James Cameron (<span class="caps">III</span>): Huir o morir</a></li>
	</ul>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[James Cameron (III): Huir o morir]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/james-cameron-iii-huir-o-morir</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/james-cameron-iii-huir-o-morir</guid>
      <pubDate>Fri, 07 Nov 2008 07:57:35 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image22267" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/terminator24.jpg" class="centro" alt="terminator24.jpg" /></p>

	<p><strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong> comienza con el infierno sobre la Tierra (seguido por unos créditos inquietantes) y termina con una tormenta negra como boca de lobo, que crepita sobre unas montañas escarpadas. Entre una y otra imagen no hay apenas espacio para la retórica, el lucimiento o el descanso. Se trata de huir o morir, sin los discursos existencialistas que adornan a la sci-fi más conocida. Las razones de que esta historia sea una cumbre del cine norteamericano de las últimas décadas, que rejuvenece a cada año, las exploraremos en este texto. Ya hemos dado algunas claves del universo oscuro de los dos terminators. Hablemos ahora del primero de ellos.</p>

	<p>Excepcional obra maestra, muy intrincada, pero resuelta con sencillez y claridad insuperables. <strong>James Cameron</strong> deslumbra al mundo con su verdadera primera película (después de lidiar con pirañas voladoras), que afortunadamente ya para muy pocos es sólo un divertimento frenético a mayor gloria de una incipiente estrella austríaca, aunque desde luego no goza de todo el prestigio que merece. Realizada con escaso dinero (6,4 millones de dólares, una producción muy modesta aún en aquellos tiempos), pocos sabían, aquel 26 de Octubre de 1984 en que se estrenó, que nacía una leyenda. Mil veces imitada, mil veces acusada de plagio, ahí quedó esta joya.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>¿De dónde nace la grandeza de esta película? Muchas virtudes y casi ningún defecto encontramos en ella. Pero quizá su grandeza resida en sus caracteres humanos. Qué verdaderos, qué reales. No existe el menor amaneramiento ni rebuscamiento, ni siquiera en la composición del cyborg incansable. Cameron es lo suficientemente inteligente como para evitar complicarse en el dibujo de Sarah Connor (una cercana y muy creíble <strong>Linda Hamilton</strong>) y de Kyle Reese (un romántico y enérgico <strong>Michael Biehn</strong>). Pero más allá de esta pareja inolvidable, el reparto de <strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong> sorprende por su unidad, su verosimilitud. <strong>Paul Winfield</strong>, <strong>Lance Henriksen</strong>, <strong>Bess Motta</strong>, <strong>Earl Boen</strong> o <strong>Bill Paxton</strong> deberían al menos ser nombrados en este análisis. La sensación que da este grupo de intérpretes (<strong>Arnold Schwarzenegger</strong> también, por supuesto, en el papel menos fingido de su carrera) es la de un ensamblamiento perfecto, sin fisuras, sin gestos falsos o fingidos.</p>

	<p>Si el argumento de esta película, por todos conocido, hubiera sido vivido por un solo actor fuera de sitio o mediocre, la aventura solitaria, y al mismo tiempo global, de Sarah Connor no sería tan emocionante, tan conmocionadora. Si el espectador observa los títulos de crédito agotado y satisfecho, reflexivo y libre, el cincuenta por ciento (sino más) del mérito, lo tienen los actores y la dirección de los mismos por parte de Cameron. La altura de la mirada poética del cineasta se mide sin duda por su coraje a la hora de hablar sobre seres humanos absolutamente reales, y de poner la cámara (diferenciándose del cine de aventuras tan en boga) a la altura de la mirada de sus personajes y de sus espectadores. Esto, y su destreza en el momento de acelerar, de tensionar el relato (y de frenarlo cuando es necesario, claro está), son los pilares maestros de <strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong>.</p>

	<p><img id="image22308" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/term1.jpg" class="centro" alt="term1.jpg" /></p>

	<p>La primera parte (hasta el momento en que la máquina asesina da con Sarah en el local Tech-Noir, término que cuadra muy bien con este relato, y procede a ejecutarla, siendo salvada &#8216;in-extremis&#8217; por Kyle) asemeja el nudo de una soga cerrándose lenta pero implacable en el cuello del espectador, que observa aterrado cómo la mole de músculos (y oculto endoesqueleto indestructible) cierra el cerco. Sabemos que dará con ella, sabemos que es prácticamente imparable, lo que no sabemos es qué ocurrirá. Cameron, gracias a un guión soberbio, no explica casi nada del enorme asesino antes de este momento. Por lo que sabemos, Kyle es casi tan peligroso como él. Por eso la identificación ella es absoluta: &#8220;ven conmigo si quieres vivir&#8221;. De acuerdo, la salva, pero su rostro asombrado es el nuestro. ¿Qué hacer? El monstruo se levanta, pese a haber recibido varios disparos de escopeta. Comienza una carrera agónica que no cesará.</p>

	<p>En esta magnífica secuencia, en la que el tiempo y el espacio se ven (siempre noblemente) manipulados por el director (porque ese es uno de los oficios del director, malear el tiempo y el espacio) se condensa todo el talento y la personalidad de Cameron. Su puesta en escena, su montaje, la historia de la chica, el villano y el héroe clásicos, están al servicio de provocar la más intensa emoción en quien la contempla, y terror, suspense, tensión, adrenalina. Muchos hablan de la pobreza visual de este filme. Es una película de factura tosca (en contraposición a la gran mayoría de películas ilustres del género), pero una tosquedad que la beneficia, porque hace más cercana y auténtica la materia de lo que cuenta. El director de fotografía, el polaco <strong>Adam Greenberg</strong>, que repetiría con Cameron en la segunda parte, firma un trabajo eficaz, rápido y sin alardes. Cierto que el grano en la imagen es abundante, que el detalle en las sombras es escaso, pero dado que es una película muy nocturna y llena de movimiento esto de alguna forma potencia aún más su fuerza narrativa.</p>

	<p>Aún Cameron no disponía de los medios, los conocimientos y la experiencia que le llevó a firmar un trabajo visualmente tan impecable como el segundo Terminator. De momento &#8216;se limita&#8217; a filmar unas persecuciones vibrantes, ingeniosas. Se observa el acelerado del fotograma sólo en ocasiones puntuales, pero hoy, 24 años después, siguen resultando impresionantes las imágenes del coche policía (¿sutil idea de la tiranía de toda autoridad?) conducido por el exterminador, que persigue a la pareja en otro coche, o las de la moto en el túnel, o el camión cisterna intentando aplastar a Sarah. Los medios no son incompatibles con la efectividad y con el suspense. No es que el cine de Cameron sea dinámico en la conquista de su público, es que su público se ve conquistado por el dinamismo de su cine. Con herramientas puramente cinematográficas, no literarias o escenográficas, Cameron nos deja pegados a la silla.</p>

	<p>¿Quién recuerda una secuencia de persecución frenética en la que un personaje le explica a otro quién la persigue y por qué? Mientras nos vemos inmersos en una espiral de aventuras, sin detenernos, nos van explicando quién es el terminator y qué quiere, quién es Kyle, qué ocurrirá en el futuro. Los diálogos son espléndidos, afilados como una daga. Y la desesperanza aumenta en el corazón del espectador a medida que todo nos es revelado, al mismo tiempo que a Sarah: no se puede matar a ese monstruo, que no tiene sentimientos y no parará hasta encontrarla; y en el caso de lograr escapar poco importa, porque las próximas tres décadas la raza humana se enfrentará a su extinción. A menos que ella viva, y su hijo John Connor (J.C., JesuCristo&#8230;James Cameron) les salve a todos.</p>

	<p><img id="image22315" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/terminator36.jpg" class="centro" alt="terminator36.jpg" /></p>

	<p>Sarah es igual que cualquiera de nosotros, en sus propias palabras: &#8220;alguien a quien cuesta llegar a fin de mes&#8221;. Y en un principio actúa en consecuencia, pasando del terror a la desesperación, de ahí a la ira contra su destino, y llegando a la resignación y a la lucha. Frente a ella Kyle es de una pieza. Ha nacido después de la guerra nuclear, entre las ruinas, y no ha conocido otra cosa que la guerra, la miseria y el hambre. Cuando llega a esta época se siente aturdido por cuanto le rodea, porque después todo desaparecerá. Pero no tiene miedo. El miedo no es una opción cuando uno se propone la tarea de detener a un cyborg de aspecto humano casi indestructible. Su destreza será suficiente para mantener a raya a la máquina hasta que la suerte se acabe. Entonces Sarah no tendrá más remedio que sacar todo la fuerza que le quede. </p>

	<p>Imposible sustraerse de los homenajes que resultan de la aniquilación final del terminator (¿quién no recuerda el final de <em>The Fly</em>, de <strong>Kurt Neumann</strong>, 1958), o a ese estilo de animar personajes monstruosos que popularizó <strong>Ray Harryhausen</strong>, en el momento en que el exterminador se ve reducido a su mínima expresión. Uno es testigo del poder terrorífico de la tecnología empleada sin sensatez cuando observa avanzar a la máquina por el oscuro pasillo de la fábrica, arrastrando su miembro dañado, con los ojos iluminados en rojo. Igual que es testigo de que la única solución al mundo es el amor. Suena cursi, pero es cierto. La relación entre Sarah y Kyle, aunque breve, es totalmente natural, no hay nada que suene a falso.</p>

	<p>El incómodo, áspero final, termina por redondear el relato. Claro que ella sabe que la foto será la que mire Kyle en el futuro, y la razón de que decida ser voluntario en viajar en el tiempo. O lo sospecha. Como sospecha que las nubes del cielo amenazan una tormenta que arrasará el mundo.</p>

	<p>Sin divismos, sin alardes, Cameron nos aterra y nos conmueve, despliega ingenio y destreza. Especula sobre el futuro, y su idea surge de la miseria y el miedo de este mundo, del nuestro. Nace un narrador inigualable.</p>

<h2>En Blogdecine:</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/2008/11/03-james-cameron-i-el-futuro-es-ahora">James Cameron (I): El futuro es ahora</a></li>
	</ul>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/2008/11/05-james-cameron-ii-universo-terminator">James Cameron (II): Universo Terminator</a></li>
	</ul>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[James Cameron (II): Universo Terminator]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/james-cameron-ii-universo-terminator</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/criticas/james-cameron-ii-universo-terminator</guid>
      <pubDate>Wed, 05 Nov 2008 10:49:35 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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	<p><strong>James Cameron</strong>, que durante su juventud había trabajado casi de cualquier cosa (camionero, bedel de un colegio), fue uno de esos afortunados de que en el mundo del cine haya existido un tipo como <strong>Roger Corman</strong>, descubridor e impulsor, mal que les pese por su método de trabajo, de alguno de los más interesantes creadores cinematográficos de hoy día, cuya carrera comenzó en los años 60-70. Pero antes de participar como director artístico, cámara, eléctrico o constructor de maquetas para Corman a finales e inicios de los años 80, pudo levantar un corto (codirigido, coescrito y coproducido por <strong>Randall Frakes</strong>) que anticipaba algo de las constantes y búsquedas del futuro.</p>

	<p><strong>&#8216;Xenogénesis&#8217;</strong>, cuyo nombre alude a una descendencia extraña de los padres, es un cortometraje de casi doce minutos de duración que cuenta, se supone, las andanzas de Raj (interpretado por el que trabajaría con Cameron en la historia de <strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong> y como coguionista en <strong>&#8216;Terminator 2&#8217;</strong>, <strong>William Wisher Jr.</strong>) y Laurie (Margaret Undiel), en su búsqueda de un lugar donde recomenzar el ciclo de la creación de la vida. Tras un prólogo en el que una voz en off, acompañado de unas bellas ilustraciones en la más vibrante tradición de los álbumes de Sci-Fi que tanto placer nos proporcionaron a sus seguidores, nos explica que él es un humano con parte de máquina y que ella es una mujer criada entre máquinas. Juntos exploran una nave abandonada, y provista de inteligencia artificial.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>La premisa es un tanto confusa, si bien explicita el deseo de sus creadores de comenzar con una saga cósmica, teniendo en cuenta la amplitud de su tema y el final ambiguo del cortometraje. Es importante señalar que al conocedor de la trayectoria de Cameron le resultarán familiares esas notas musicales que acompañan al narrador: una letanía muy similar a la que suena en una película ocho años posterior, <strong>&#8216;Aliens&#8217;</strong>. Pero también se advierte enseguida la profunda influencia de <strong>&#8216;Star Wars&#8217;</strong>, estrenada pocos meses antes, en los decorados y la puesta en escena. De hecho, hasta en su ingenuidad, en su vestuario y en sus decorados pareciera que es un corto de <strong>George Lucas</strong> con unas gotas del toque Cameron aún por desbastar.</p>

	<p>Su guión es sencillo, sin complicarse demasiado. En pocas palabras: Raj se topa con una máquina enorme (y algunos planos recuerdan, seguramente por el homenaje que representan, a &#8216;<a href="http://www.blogdecine.com/2006/07/03-el-increible-hombre-menguante-una-pelicula-grandiosa">The Incredible Shrinking Man</a>&#8216;, de <strong>Jack Arnold</strong>, 1957) de la que parece quedar fascinado, hasta que se abalanza sobre él y con uno de sus metálicos miembros, del que emerge una luz intensa, le deja sin fuerzas en el suelo. Huye, pero la máquina le persigue, y cuando parece que va a caer por un abismo insondable (que recuerda a los que vemos en el duelo final de <strong>&#8216;The Phantom Menace&#8217;</strong>, de <strong>George Lucas</strong>, 1999) su compañera Laurie, que pilota una máquina &#8216;arácnida&#8217; se enfrenta a la máquina asesina con un final incierto.</p>

	<p><img id="image22242" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/terminator1.jpg" class="centro_sinmarco" alt="terminator1.jpg" /></p>

	<p>Huelga decir que la máquina asesina recuerda mucho a esas que arrasan calaveras a su paso en el apocalíptico futuro de <strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong>, seis años posterior. Para hacerla realidad, los responsables de este corto acudieron a maquetas y a la prestigiosa técnica &#8216;stop-motion&#8217; (animación fotograma a fotograma), que otorgan a la figura gran credibilidad (estamos en 1978) si bien a nivel técnico es, junto a la máquina pilotada por Laurie, lo único destacable de un trabajo con una fotografía poco trabajada y un diseño de la planificación muy mejorable. La interpretación de los actores es menos que anecdótica, y no merecen la pena puesto que en ningún momento la historia les presta atención.</p>

	<p>Pero tampoco se puede valorar este trabajo como un corto, digamos, artístico. Su final abrupto y sin explicaciones obedece más a las reglas del folletín aventurero (las que dictan que cada episodio tiene que concluir con un climax sin resolver) que a otra cosa. La escasa tensión narrativa, presente también en <strong>&#8216;Piranha II: The Spawning&#8217;</strong>, no parece propia de ese director capaz de crear como nadie secuencias de acción adrenalíticas. Aquí su máxima preocupación es elaborar los efectos visuales. Será una de las escasas ocasiones en que estos sean el motivo y no la herramienta de su película. Se puede admirar el arrojo del primerizo que creía que continuaría una saga de varios cortos, o quizá largos. La intención de Cameron, y de su codirector, era la de iniciar una saga galáctica, con su universo cerrado, comparable a <strong>&#8216;Star Wars&#8217;</strong> y hecha con cuatro duros. No lo conseguiría hasta varios años después.</p>

	<p>Antes tendrían que pasar muchas cosas, varias películas de serie B de Corman (alguna de ellas bien estimulante), una locura de rodaje rodeado de pirañas voladoras, y una oferta que cambiaría una vida. Escribir tres guiones al mismo tiempo en el plazo de tres meses: <strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong> (para la que ya había encontrado financiación), <strong>&#8216;Aliens&#8217;</strong> (cuya producción se vería aprobada y Cameron elegido como su director durante el rodaje de su primer largo) y <strong>&#8216;Rambo II&#8217;</strong>. Cameron aprovecharía a fondo la oportunidad.</p>

	<p>Entremos en materia, que para eso estamos. Cameron tuvo un sueño. Durante el rodaje de un spot en la ciudad de Roma cayó enfermo y con fiebre, y esa noche en el hotel tuvo sueños terribles. De entre todos ellos emergió uno: la imagen de un esqueleto de metal, con los ojos rojos, rodeado de llamas. Por la mañana tenía la idea que sería el núcleo de su verdadera primera película. Una película sobre un futuro aterrador, en la que el hombre se enfrentaría al abismo de su exterminio. Atrás quedaban pues las fantasías románticas más propias (y más adecuadas) a la personalidad de <strong>George Lucas</strong>. Cameron encontró por fin una grieta creativa por la que poder explotar todo su talento.</p>

	<p><img id="image22265" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/the-terminator-movie-25.jpg" class="centro" alt="the-terminator-movie-25.jpg" /></p>

	<p>El &#8216;Universo Terminator&#8217; podría definirse con la expresión que Sarah Connor (una excelente <strong>Linda Hamilton</strong>) utiliza para referirse al relato/sueño que le ha &#8216;regalado&#8217; Kyle: &#8220;pretty terrifying&#8221;, bastante terrorífico. El mundo entero es escenario de una batalla definitiva, y el enemigo no tiene sentimientos, ni piedad, ni otro objetivo que la total desaparición del ser humano. Jamás <strong>Fritz Lang</strong> (<strong>&#8216;Metrópolis&#8217;</strong>, 1927), o <strong>Ridley Scott</strong> (<strong>&#8216;Blade Runner&#8217;</strong>, 1982), imaginaron un futuro más escalofriante. Cameron les gana la partida echando mano de la literatura esencial del género (<strong>Huxley, Matheson, Wells</strong>), y le da la vuelta. No bromea Cameron cuando afirma que no le hubiera importado ganarse la vida como uno de los escritores nombrados. Se nutre del sombrío tono apocalíptico oriental y lo funde con las raíces más nobles de la Sci-Fi. Pero es cauto. Los guiones de sus dos películas son lineales. Conoce los riesgos de debilitar su trama por la dispersión. Pule de ramificaciones sus libretos.</p>

	<p>En este universo apocaliptico del futuro una inteligencia artificial de última generación toma el poder del mundo y considera a los hombres una amenaza, por lo que decide su eliminación. No hay más. No hay ciudades, no hay sociedades. El hombre se oculta como una rata a la luz del sol. Su lugar preeminente en la naturaleza ha sido ocupado por su creación artificial, que tiene las armas mejor diseñadas (el propio terminator es un arma) para barrer sin compasión al ser humano. Lo interesante, lo notable, es que la historia comienza con la derrota de las máquinas a manos del ser humano, gracias a un líder invencible. En una paradoja temporal asumida, Cameron intenta contarnos cómo las máquinas deciden viajar en el tiempo para terminar a la madre de ese líder invencible. Ecuación fácil: si ella no existe, él tampoco llegará a existir, y la victoria de los hombres será imposible.</p>

	<p>Algo de eso se intuye ya en el prólogo, breve y gélido, descorazonador, de <strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong>: &#8220;la batalla definitiva se libraría aquí, en nuestro presente&#8230;.esta noche&#8221;. Las imágenes de la introducción nos hacen ver que las máquinas nos pasan literalmente por encima ¿Hay esperanza? Con poquísimos elementos (algunas máquinas, disparos láser, viajes en el tiempo, el casi exterminio de la raza humana, ruinas interminables, ordenadores superinteligentes y despiadados) Cameron es capaz de ofrecernos una visión futurista absolutamente creíble. Una mitología. Y lo logra por la fuerza expresiva de su atmósfera, por la convicción con la que dibuja una especulación científica y global. Desde la ingenuidad de <strong>&#8216;Xenogénesis&#8217;</strong> a la rotundidad de <strong>&#8216;The Terminator&#8217;</strong> se encuentra la formación de una mirada única, que ha mantenido sus obsesiones, pero depurado sus herramientas.</p>

	<p>No hay coartadas filosóficas ni morales de ninguna clase. El Hombre se ha ido al garete, punto. Y ese nuevo comienzo al que se aludía en el cortometraje no va a ser una aventura jovial, sino una pesadilla angustiosa y trepidante. En ella van a tener presencia las armas, los coches, las luces nocturnas de la ciudad, los sueños espectrales, la lucha del hombre (lo orgánico, lo natural) contra la máquina (lo cibernético, lo artificial), y un rayo de esperanza. Una esperanza surgida del amor. Pero no ese amor burgués y romántico. El amor como única respuesta y solución a la destrucción del mundo, y como arma contra el miedo, el sufrimiento y la muerte.</p>

<h2>En Blogdecine:</h2>

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		<li><a href="http://www.blogdecine.com/2008/11/03-james-cameron-i-el-futuro-es-ahora">James Cameron (I): El futuro es ahora</a></li>
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