
Esta semana —hoy en algunas comunidades y el viernes, en el resto— se estrena ‘Kick-ass’, de Matthew Vaughan. Esta adaptación del cómic de Mark Millar y John Romita Jr. nos habla de un chaval normal y corriente que decide que cualquier persona puede convertirse en superhéroe. Lo que no se imaginará es que hay por ahí otras personas que, con mayor presupuesto, ya están desempeñando una labor similar, aunque no tan inocente.
El arranque
Los primeros minutos aparentan torpeza para relacionar a los diferentes personajes y asuntos con la trama principal o, más bien, entre sí. Pasa un tiempo considerable hasta que todos los elementos necesarios entran en juego. Es lo que ocurre cuando tienes un protagonista que, en realidad, no es más que un McGuffin y cuando hay que resumir de un plumazo mucha historia. Pero, una vez se presenta todo, se verá que encaja mucho más de lo que podría parecer. A eso me refiero cuando digo que «aparentan», ya que todo lo que se va mostrando será necesario en el transcurso ulterior.
Al inicio no le puedo reprochar su incapacidad para producir disfrute —si observo lo dicho en el párrafo anterior es con el ánimo de analizar, no porque me estuviese aburriendo—, ya que ‘Kick-ass’ en sus arranque es una teleserie de instituto. Las conversaciones como «¿Por qué nadie intenta ser un superhéroe?» son geniales, tanto por su humor como por su autenticidad y por otro porque son muy auténticas. En este tramo, nos encariñamos con el protagonista y con sus dos amiguetes y conocemos sus carencias en el terreno social y amoroso, muy típicas en esa edad y en el subgénero «friqui que no folla», que tanto me gusta.

