
El veteranísimo sueco Jan Troell ha venido a Valladolid con el primer plato fuerte del festival, una película ambientada a principios del siglo XX, que cuenta la historia de la abuela del propio director, una sufrida ama de casa que se convierte, a tontas y a locas, en una fotógrafa local reconocida.
En sus más de dos horas de duración, Troell tiene tiempo más que de sobra para presentar a la familia enmarcada en un contexto social muy definido: antes, durante y tras la I Guerra Mundial. El matrimonio formado por Sigfrid (Mikael Persbrandt) y Maria (Maria Heiskanen), con cuatro hijos, se tambalea a ojos vista. Él es un borracho y mujeriego, que se opone a que sus hijos estudien para poder “trabajar enseguida”, y ella descarta abandonarle porque su padre le ha dicho que no debe separar el hombre lo que Dios ha unido. Puro tradicionalismo. Pero todo cambia cuando Maria encuentra, por casualidad, una cámara fotográfica que resulta ser muy buena, y gracias a la cual entabla una intensa amistad con el fotógrafo danés Pedersen, con el que tiene una evidente tensión amorosa.


