
Muchos se jactan temerariamente de controlar los recursos que provocan miedo en una pantalla, aunque en verdad muy pocos lo logran. El miedo es una de las sensaciones o emociones más primarias del ser humano, que le iguala con buena parte del reino animal. Por tanto, muchos directores darían su brazo derecho por manejar realmente sus resortes, ya que cualquier cineasta quiere provocar una emoción tan universal y al parecer tan compleja de representar e inducir, sabiendo que formará parte de un selecto grupo de artistas que escasea. Más que un género, palabra que designa etiquetas comerciales que muchas veces llevan a confusión, el terror o el horror son una forma de arte primordial, que explora como quizá ninguna otra nuestro interior más insondable, nuestros instintos más oscuros e irrefrenables, pero también nuestra capacidad de enfrentarnos a esos miedos, nuestra posibilidad de extraer fuerzas cuando ya no quedan, de sonreir y escupirle al destino cuando todo parece perdido.
Se puede tener miedo a infinidad de cosas, pero no existen infinidad de cosas que provoquen miedo en una pantalla. Como reacción física, el miedo nos previene de un peligro fisiológico inminente, aprendido con anterioridad, y nos ayuda a evitarlo. Pero como reacción psicológica, el miedo es mucho más potente, multiforme e incapturable. Algunos artistas se han pasado la vida averiguando cómo influir en la mente de sus espectadores, convertidos en cobayas de buen grado, encantados con ser torturados con su propio miedo. Hay algo ahí sadomasoquista realmente fascinante: individuos a los que les pagan para hacer sufrir, para torturar psicológicamente, a otros individuos que pagan dinero por ello. Se puede tener miedo a lo que se ve, pero mucho más a lo que no se ve (o como el propio Ralph de ‘Los Simpson’: “miedo al miedo a la oscuridad”), y nada nos provoca más miedo que lo desconocido o incomprensible. Quizá por eso la muerte, ese lugar del que al parecer nadie ha vuelto, es el mayor miedo de muchos seres humanos. Aunque otros le tienen más miedo a la vida.




