57º Festival de San Sebastián: Campanella enamora, Honoré decepciona, Lu Chan cada vez mejor, Glasner deja frío, y Aaron Schneider no impresiona nada

Aquí, en Donosti, después de un fin de semana bastante pasado por agua, ha llegado un tiempo desapacible y extraño. Lo mismo te asas de calor cuando sale el sol, que dos minutos después el astro desaparece y te deja a merced del viento que sopla gélido desde el mar, y te congelas. Por mí encantado, porque a diferencia del muchas otras personas, por lo que parece mi sistema respiratorio está en plena forma, y no me cojo un resfriado cada vez que una brisa fresca te coge un poco desprevenido.
Digo todo esto, porque si las tosecitas de los cines (ese eco que acaba convirtiéndose en una serenata que se expande como la ola de los estadios de fútbol) dan para un ensayo literario, en los festivales dan para una novela. Con todo el trajín que supone de visionados un festival, tener que aguantar que la gente no sea capaz del mínimo de educación exigible de taparse la boca cuando se tose, puede ser insufrible. Para que luego digan que el trabajo de los críticos es fácil. Espera que me río.
