
‘Soy Meera Malik’ se abre y se cierra con la noche de Calcuta, pero por si alguien no sabía que esa noche ya no tiene nada que ver con la idílica y soñada de los cuentos orientales, este cortometraje documental se encarga de hacerlo palpable adentrándose en la vida de los niños rescatados de las calles y de trabajos esclavos para poder estudiar en la escuela Tara School, una ONG que intenta ofrecer una niñez a los que se la han arrebatado. Son dieciséis minutos y treinta y nueve segundos que saben a poco, pero que al mismo tiempo podían haber ofrecido más.
Dice el director, Marcos Borregón, que “a pesar de un entorno nada favorable, todo lleno de miseria, de basura y de violencia, pues es una historia de esperanza, esta es una historia de flores que crecen entre la basura”. Y son ciertas esas palabras, pues tras la imagen nítida y muy viva de este cortometraje documental, se advierte el esfuerzo y el interés real por lo que se muestra. Desgraciadamente, y a pesar de que en un cortometraje documental tampoco hay tiempo para más, no se alcanzan todos los objetivos buscados.



