
Ya vale de dramones, enfermedades y sollozos. Por fin he visto en la Seminci una película desenfadada, que no contiene las típicas/tópicas escenas de música lenta con la mirada perdida del protagonista al fondo. No me malinterpreten. Me encantan los dramas, pero el exceso de azúcar, como el que propone este festival, es algo que no recomendaría ningún médico. Yo soy más de solomillo, de patatas fritas con salsa picante. Más cenar cosas contundentes y menos intentar arrancar la emotividad a base de dulces lacrimógenos.
En ese camino va ‘Estómago’, coproducción italo-brasileña dirigida por Marcos Jorge, que es todo un canto al buen comer, al vino añejo, a la nueva cocina, a la educación culinaria y que propone la hostelería y en concreto la cocina como una forma práctica y real de salir adelante y encontrar nuevos caminos.

