'Gamer', un chute de anticine moderno

El martes pasado me acerqué al cine acompañado de mi mejor amigo, al que no veía desde hacía demasiado tiempo, para repetir una de nuestras queridas sesiones cutre-cinéfagas. Básicamente, primero buscamos uno o dos de los estrenos que peor olor desprendan y luego, ya en el interior de un hogar y con abundante bebida y comida basura (acorde con lo que vemos), devoramos otras dos o tres películas con similar mala pinta (casi siempre dirigidas por asiáticos, nuestros individuos favoritos). Echando un vistazo a la cartelera, rápidamente coincidimos en que la primera película de la sesión debía ser ‘Gamer’, con Gerard Butler.
Como sabéis, mi compañero Alberto Abuín ya la comentó recientemente (aquel martes no conocía su opinión sobre esta cosa, conste en acta), y aunque estoy de acuerdo totalmente con su valoración, plasmada en la imagen sin estrellas con la que se termina esta crítica, no me parece que ‘Gamer’ deba estar incluida en una sección llamada “películas ridículas”. No, esto más que ridículo es demencial, es enfermo. Lo nuevo de Mark Neveldine y Brian Taylor, realizadores inútiles donde los haya, es una de las películas más insoportables que he visto en una sala de cine.





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