'Celda 211', fuerza bruta

Daniel Monzón es un ser bastante inteligente. De pedante crítico cinematográfico se pasó a excelente director de cine, sumando un elemento a tan estimable y maravillosa profesión: cultura por el medio. Si de algo puede presumir Monzón es de ser un empedernido cinéfilo que conoce muy bien el Cine, sobre todo su historia, sabiendo aplicar esos conocimientos a sus trabajos como realizador, con la excepción de ‘La caja Kovak’ que resultó ser el único tropiezo de su filmografía. Tanto ‘El corazón del guerrero’, como ‘El robo más grande jamás contado’ —para quien esto suscribe su mejor película—, como la presente, son películas que destilan cinefilia por los cuatro costados, con muchísimas referencias al cine clásico, y lo más llamativo de todo, realizadas como si se tratase de films estadounidenses, sobre todo en la forma.
Una de las principales característica de Monzón como cineasta, algo de lo que también puede presumir Alejandro Amenábar, por poner sólo un ejemplo, su cine está libre de complejos y prejuicios. Filma sus películas para todo el mundo, sin tener en cuenta fronteras y nacionalidades. Da igual que estén desarrolladas en España, ya sea en un museo o una cárcel, son historias universales que pueden ser disfrutadas por cualquiera. Ésa es la gran virtud de los guiones de Monzón, y además suele sacarles provecho, aunque en este caso, no me parece que nos encontremos ante esa genialidad que todos proclaman.



El 12 de agosto ha comenzado el rodaje del duodécimo largometraje de
