James Cameron (VII): Abismos impersonales

Cuentan que ‘The Abyss’ es un ansiado proyecto de Cameron, que él gestó durante su adolescencia, y que una vez tuvo los medios y la libertad (propiciada la segunda por los abrumadores éxitos estéticos, y económicos, de sus dos primeras películas) no dudó en llevar a la pantalla hasta sus últimas consecuencias. Bastaría con ‘The Terminator’ y ‘Aliens’ para auparle hasta un lugar de honor dentro del género, uno de los más complejos de domeñar, de la sci-fi, pero este director tiene el defecto (o la virtud) de querer superarse aunque eso implique jugarse el todo por el todo. El resultado, que en ningún momento (salvo en ese final que analizaremos en su momento) resulta mediocre, no posee ni la personalidad, ni la concisión, ni la fuerza expresiva de sus dos primeras (y magistrales) películas.
Ahora bien, estamos hablando de un proyecto que, al menos en su concepción, en lo que significa de artefacto escenográfico y complejidad técnica, es absolutamente único. El mayor mérito de este ‘The Abyss’ radica en su carácter de aventura incomparable por el medio en que está realizada, y por las hazañas cinemáticas que incluye, más que por un conocimiento de las propias limitaciones, tanto de la historia como de la visión de la misma, o por un ensamblaje óptimo de todas las piezas. Un primer visionado, o incluso un segundo, de la película, entusiasma y puede llegar a maravillar. Pero sabiendo de lo que es capaz este hombre, tras varios visionados y casi veinte años después de su estreno, sus carencias y torpezas son mucho más evidentes.
