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Maureen O´Hara

'El hombre tranquilo', la resurrección de un hombre bueno

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“Es un buen, tranquilo, pacífico hombre, que ha vuelto a casa a olvidar sus problemas. Por supuesto, es un millonario, como todos los yankees. ¡Pero es excéntrico! ¡Oooh, muy excéntrico! Esperad, os enseñaré...su bolsa para dormir. Un saco para dormir, lo llama. Esperad, os enseñaré cómo funciona”.

-Michaleen Flynn

Opino, sinceramente, que el cine de John Ford es una de las expresiones artísticas más abiertamente vivificadoras y rejuvenecedoras que existen, porque Ford, un pesimista incurable, era también un nostálgico arrebatado, y sólo los nostálgicos saben recordar dónde se encuentra el paraíso perdido. El paraíso para Ford, claro, es Irlanda, la Isla Esmeralda, de dónde provenían sus padres (pues él nació en Cabo Elizabeth, Maine, el 1 de Febrero de 1894), a donde regresa después de muchos años para este rodaje, tal como regresa su protagonista, el inolvidable, terco, nostálgico y honrado Sean Thornton.

Y regresó a Irlanda para filmar una de sus más bellas, libres, divertidas y excepcionales películas, quizá la más personal y la más humana de todas las suyas, y eso, en la dilatada y fascinante carrera del realizador, es mucho decir. La historia de un hombre pacífico, o tranquilo, que quiere olvidar su terrible y doloroso pasado, un pasado que no deja de atormentarle, volviendo a las raíces, al lugar que le vio nacer (no en vano la casa se llama Blanca Mañana), tal vez para morir allí. La belleza, la serenidad y la ironía, corren inseparables en este relato de redención.

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Sam Peckinpah: un título profético

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‘The Deadly Companions’ es el título original de la ópera prima de Sam Peckinpah que en nuestro país se tradujo como ‘Compañeros mortales’. Resulta curioso que dicho título pueda verse como una especie de profecía sobre lo que su filmografía nos iba a deparar, llena de relatos violentos, marcados por personajes cuya relación siempre rondaba la muerte. En este especial que hoy damos comienzo en las páginas de Blogdecine, repasaremos una a una las películas de un director cuya existencia como persona fue problemática, llena de decepciones personales, de polémicos rodajes, de amigos eternos y enemigos en cada esquina. El alcohol, las putas y la cocaína en alguna que otra ocasión, llenaron la vida de un cineasta que cambió el curso del western, y que fue considerado el director que mejor retrató la violencia en el cine.

La película está basada en una novela de Albert Sidney Fleischman que él mismo adaptó para la pantalla grande. Fleischman había destacado por ser el escritor de una par de films de William A. Wellman, ‘La escuadrilla Lafayette’ (un fracaso por el que Wellman no volvió a dirigir más) y ‘Good-bye, my Lady’ (una preciosidad poco conocida en la filmografía del director de ‘Incidente en ‘Ox-Bow’). Brian Keith iba a protagonizarla y sugirió el nombre de Peckinpah para dirigirla, pues había colaborado con él en una serie de televisión, ‘The Westerner’, que se había cancelado. Según el propio Peckinpah, John Ford también le recomendó a los productores. ¿Cierto o falso? No se sabe, pero tal vez la presencia de Maureen O´Hara en el reparto haga pensar que Peckinpah no tenía por qué inventárselo.

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'El sargento inmortal', de John M. Stahl

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John M. Stahl fue uno de esos directores del Hollywood clásico, hoy un tanto olvidados injustamente. Suyas son películas tan importantes como ‘Que el cielo la juzgue’ o ‘Las llaves del reino’. El gran Douglas Sirk (ése al que algún director español dice parecerse, con todo el morro del mundo) realizó sendos remakes de dos de las obras de Stahl: ‘Imitación a la vida’ y ‘Sublime obsesión’, logrando con ello, además de enseñar cómo debe hacerse un remake, descubrir a muchos cinéfilos parte de la obra de Stahl.

Casi siempre interesado en hacer melodramas, Stahl se caracterizó por un estilo sencillo, muy intimista. ‘El sargento inmortal’ es uno de sus trabajos menos conocidos, y eso que en su reparto están actores de la talla de Henry Fonda y Maureen O´Hara, en aquel año (1943) en la cresta de sus carreras. Más el primero que la segunda, quien tuvo superiores éxitos. Actores Fordianos por excelencia, resulta curioso que sólo coincidieran dos veces en una película para el cine, siendo ésta la primera de ellas (la otra muchos años después en ‘Fiebre en la sangre’ de Delmer Daves).

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