
Cuando Maurice Sendak publicó en 1963 su cuento breve ilustrado ‘Where the Wild Things Are’, no fue un éxito instantáneo. El propio Sendak era considerado una especie de bicho raro, y sus dibujos y cuentos una rareza difícil de catalogar. Algo parecido sucede con Spike Jonze, que en ese sentido, el único, se parece al escritor y dibujante que tanto admira. Pero mientras Sendak es un outsider por personalidad, por su propia naturaleza, Jonze lo es por elección, por pose. Eso sí, nadie le puede negar un coraje inmenso por haber llevado a la pantalla este cuento tan difícil de adaptar. Lo malo es que no sólo de intenciones vive un cineasta, y en este caso lo único que hay en la película son buenas intenciones que no maquillan el resultado final.
Jonze, antiguo director de rutilantes, modernísimos, cool videoclips para gente como R.E.M., transformado en eso que viene a llamarse “director de culto” (expresión que no es más que degradación de la idea de vanguardia) va de autor radical, de director brillante, transgresor, de cineasta singular, y se esfuerza como un gato panza arriba en demostrarlo en esta su última película, en la que además va de sensible y visionario. Pero si se tiene la mirada limpia y ajena a todo divismo autoral, lo que va de transgresor se queda en conservador; lo que pretende ser brillante se queda en retórica vacía y amorfa; y lo que busca demostrar una sensibilidad y una personalidad visionaria se queda en vuelo bajo, mediocre, sin fuerza expresiva. ‘Donde viven los monstruos’ es una propuesta simplemente bizarra.



