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Memento

Hace poco publiqué en Blogdecine un artículo que intentaba diferenciar la esquizofrenia del trastorno de personalidad múltiple y decidir qué films trataban cada uno de los dos desórdenes. De nuevo según el libro ‘Imágenes de la locura: la psicología en el cine’, de Beatriz Vera Poseck, me parece interesante distinguir ahora los tipos de amnesia que existen, que se diferencian principalmente por sus causas, y también tratar de esclarecer los errores que se cometen en muchas películas al tocar estos problemas.

La amnesia orgánica se produce por intoxicaciones o deficiencias que afecten al cerebro o tras sufrir un traumatismo craneal, por ejemplo, durante un accidente o una agresión. Implica necesariamente un daño físico del cerebro. La amnesia disociativa puede darse también tras un accidente o un ataque, pero es únicamente psicológica. El cerebro no ha sufrido daños físicos, pero la mente del individuo “elige” prescindir de una parte de sus recuerdos, pues le resultan traumáticos o dolorosos.

El error en el cine suele darse al plantear en sus personajes amnesias orgánicas, es decir, causadas por problemas físicos, pero dotarlos de síntomas que sólo son propios de las amnesias disociativas o psicológicas. Las amnesias orgánicas casi nunca conllevan una pérdida de la identidad, así que los pacientes siguen sabiendo cómo se llaman, quiénes son y dónde viven. En la amnesia disociativa, esto puede ocurrir en raras ocasiones. El cine casi siempre muestra casos en los que se da la pérdida de identidad y su falta de rigor está en asociarlos con la amnesia orgánica.

También es un error mostrar una amnesia orgánica sin presentar un síntoma común a todas ellas: la amnesia anterógrada. Ésta consiste en la incapacidad para aprender y fijar cosas nuevas, para retener recuerdos que se acaban de producir, que se están produciendo en ese momento, como lo que le ocurre a Dory, de ‘Buscando a Nemo’ (la memoria de todos los peces es así) o a Guy Pearce en ‘Memento’. Lo que muestra siempre el cine es la memoria retrógrada, la que se refiere a hechos del pasado, que también se produce en los casos de golpes y lesiones físicas del cerebro, por lo tanto, en este aspecto reflejan bien el trastorno, pero olvidan que necesariamente debería ir asociada a la amnesia anterógrada.

En casos de amnesias retrógradas, ya sean orgánicas o disociativas, la memoria semántica y la de procedimientos no se pierden. Se olvidan recuerdos autobiográficos, pero nunca las habilidades que sabemos desempeñar mecánicamente. Así que un paciente con amnesia siempre sabrá hablar. Las aptitudes y los conocimientos se almacenan de forma diferente que los recuerdos, por eso no se pierden. Esto queda muy bien ejemplificado en ‘Memoria letal’ (‘Long Kiss Goodnight’, 1996), de Renny Harlin, pues el momento en que la protagonista (Geena Davis) sospecha que es otra persona es cuando descubre que puede manejar el cuchillo con una maestría que sorprende a propios y extraños.

En la amnesia orgánica retrógrada, como hemos señalado, se olvidan recuerdos autobiográficos, que pueden remontarse pocos o muchos años, pero es muy raro que se pierdan todos los recuerdos biográficos, incluidos los de la niñez. Se suele olvidar hasta un momento X, por ejemplo, hasta los 20 años. La cantidad de recuerdos olvidados dependerá de la gravedad del traumatismo, pero, repetimos, nunca llegará a ser tan grave como para olvidar quiénes somos, a pesar de lo que muestran muchos films. En la disociativa, sí que podrían llegar a perderse todos los recuerdos y con ellos, la identidad.

Tras un traumatismo se puede producir una amnesia postraumática, que llega a curarse al cabo de un tiempo, o un síndrome amnésico, que es crónico. En este último caso la amnesia anterógrada es el síntoma principal. Dentro del síndrome amnésico, hay un trastorno muy extremo y poco común que se llama Síndrome de Korsakoff y que se produce por una lesión irreversible en el cerebro provocada por falta de una vitamina y alcoholismo. En el Korsakoff se puede dar amnesia retrógrada, por lo que los pacientes viven como en el pasado, creen que están en el año, digamos 1980, y si se miran al espejo y si se ven viejos, sufren un shock, al igual que pueden no reconocer a personas que conocían desde hace años. Pero principalmente se sufre anmesia anterógrada, por lo que no retendrán ninguna información nueva.

A este síndrome se acercan pocas películas, aunque está bien retratado en ‘Sé quién eres’ (1999), de Patricia Ferreira. ‘50 primeras citas’ (2004), de Peter Segal, inventa una forma inexistente de Korsakoff. ‘Memento’ (2000), de Christopher Nolan, podría ser un caso de Korsakoff, salvo porque el paciente es consciente de su problema y toma medidas para sobrellevarlo, lo que es impensable en este síndrome.

Algunos de los títulos que analiza la autora dentro de la amnesia orgánica son ‘El gran dictador’ (1940), de Charles Chaplin; ‘El jardín de las delicias’ (1970), de Carlos Saura; ‘Memento’ (2000), de Christopher Nolan; ‘The Majestic’ (2001), de Frank Darabont, y ‘Un hombre sin pasado’ (2002), de Aki Kaurismäki (en la fotografía).

La amnesia disociativa, es decir, la que no se debe a ningún golpe ni lesión física en el cerebro, es la que solemos asociar a las “lagunas de memoria”. Puede ser de diferentes tipos: localizada, que es la que se refiere a un momento concreto en el tiempo y es la más común; selectiva, en la que se pierden algunos recuerdos de un tiempo determinado, pero no otros; sistematizada, que habla de la pérdida de un tipo específico de recuerdos, por ejemplo, los relacionados con el trabajo, y generalizada, que es la que conlleva la pérdida de todos los recuerdos, incluida la niñez, y por tanto de la identidad y que, como ya hemos dicho, se trata muy a menudo en el cine a pesar de ser poco frecuente. Existen poquísimos casos de amnesia continua en la amnesia disociativa y serían los únicos que padecerían amnesia anterógrada en el caso de los trastornos exclusivamente psicológicos, cosa que sí es común en los físicos.

Se llama fuga disociativa a la aparición de esta amnesia psicológica durante episodios finitos de tiempo. En estos casos, sí que es frecuente la pérdida de la identidad.

En el capítulo de amnesia disociativa y fuga disociativa, Vera Poseck incluye, entre otras, las películas ‘Recuerda’ (1945), de Alfred Hitchcock; ‘De repente el último verano’ (1959), de Joseph L. Mankievicz, ‘El mensajero del miedo’ (‘The Manchurian Candidate’), de John Frankenheimer en 1962 y de Jonathan Demme en 2004; ‘La noche de los cristales rotos’ (1991), de Wolfgang Petersen; ‘Morir todavía’ (1991), de Kenneth Branagh, y ‘El maquinista’ (2004), de Brad Anderson, cuyo film anterior, ‘Session 9’ merecía ser estudiado en el apartado de trastorno de identidad disociativo.

En Blogdecine | Enfermedades mentales en el cine: esquizofrenia y TID (trastorno de identidad disociativo).

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